Introducción: por qué Magreb y por qué ahora
Este ensayo parte de una doble constatación situada en el Mediterráneo occidental. Primera: la crisis civilizatoria ya no es un horizonte hipotético, sino un presente estructurado por encadenamientos—energéticos, hídricos, climáticos y ecosistémicos—que tensionan los regímenes de producción, movilidad y gobernanza. Su expresión local en la fachada oriental de la península Ibérica (sequías más largas e intensas, estrés térmico, incendios de sexta generación, salinización de acuíferos, dependencia de inputs fósiles y cadenas logísticas largas) reconfigura la pregunta política por las condiciones de habitabilidad en el medio y largo plazo. Segunda: en contextos de infraestructuras en retirada y provisión estatal intermitente, no todas las formas de organización social toleran igual el “ruido” y la volatilidad; algunas, por diseño y por memoria histórica, amortiguan mejor las perturbaciones.
Desde esta perspectiva, proponemos un gesto comparado: tomar el Magreb como “espejo” (en los términos de Ernest Gellner) para observar con nitidez mecanismos que, a menudo, quedan difuminados en otras regiones: la coexistencia conflictiva entre un centro fiscal‑militar —el Makhzen— y un exterior interno —el país Siba— caracterizado por segmentación política, autogobierno consuetudinario y ciclos de sumisión/insumisión. En ese pulso, la estatalidad aparece menos como sustancia y más como ritmo: se expande y se retrae según cuellos de botella logísticos, oportunidades extractivas y umbrales ecológicos (Gellner, Antropología y política, cap. 13; también cap. 12 para Oriente Medio).
En paralelo, la obra de James C. Scott ofrece una gramática complementaria para leer esa intermitencia. La distinción entre “culturas del valle” —basadas en granos estandarizables, riegos gravitatorios, catastros y sedentarización fiscal— y “culturas de la montaña” o Zomia —asentamientos dispersos, agriculturas diversificadas y móviles, y baja legibilidad para el Estado— propone que la geografía es política y que la “evasión del Estado” es, en ciertos medios, una racionalidad ecológico‑política, no una anomalía (Scott, Seeing Like a State, 1998; The Art of Not Being Governed, 2009; Against the Grain, 2017). El parentesco analítico entre Makhzen/Siba y valle/montaña no es idéntico, pero sí heurístico: en ambos, la estatalidad es un pulso intermitente que depende de costes de legibilidad y control.
Contexto: colapso civilizatorio y límites del crecimiento
Asumimos como marco general el decrecentismo: no tanto una consigna, cuanto un diagnóstico biofísico sobre los límites de la expansión material y energética del modo de vida industrial. En la ribera valenciana, ello se traduce en un estrechamiento simultáneo de agua disponible por habitante, capacidad de refrigeración social, ventanas de trabajo agrario y protección frente a incendios, a la vez que se incrementa la vulnerabilidad por dependencia de insumos importados (forrajes, fertilizantes, gasóleo, fitosanitarios). En tal escenario, el continuismo infraestructural—más bombeos, más trasvases, más climatización— tropieza con rendimientos decrecientes y externalidades crecientes. La pregunta deja de ser cómo “optimizar” el régimen actual y pasa a ser qué formas políticas y culturales funcionan cuando el ruido (climático, logístico, fiscal) es la norma.
Problema: política con incertidumbre y en retirada de infraestructuras
La cuestión que guía este trabajo puede formularse así: ¿qué instituciones, prácticas y repertorios culturales son operativos en entornos de alta incertidumbre, fragmentación territorial y provisión estatal intermitente? No se trata de imaginar un afuera absoluto del Estado, sino de entender y diseñar para fases de latido—presencia/ausencia, prioridad/abandono—en las que la gran obra y la tecnopolítica centralizada ya no cubren el territorio homogéneamente. Ello exige arquitecturas sociales de baja energía, jurisdicciones consuetudinarias robustas, coordinaciones federativas livianas, economías de proximidad y relatos compartidos capaces de sostener hábitos y vínculos en escalas comunales y comarcales.
Hipótesis: resiliencias segmentarias eco‑ancladas
La hipótesis que pondremos a prueba a lo largo del ensayo es que los modelos segmentarios de baja centralización, anclados en ecologías locales y regímenes hídricos, ofrecen resiliencias que las formaciones estatales centralizadas no pueden reproducir en escenarios de declive. Dichos modelos no son un “estado de naturaleza”, sino tecnologías sociales con componentes: gobiernos de acequias, montes de utilidad comunal, reglas consuetudinarias de reparto y sanción, ayuda mutua y federaciones ad hoc para tareas de escala (defensa contra incendios, avenidas, semillas, salud popular). En términos de Gellner, serían franjas Siba convivientes (y en tensión) con corredores Makhzen; en términos de Scott, islas de baja legibilidad conectadas por pasarelas confederales. Su eficacia relativa aumenta cuando descienden los excedentes, suben los costes de enforcement y se impone la sobriedad hídrica‑energética.
Por qué el Magreb como “espejo” del País Valencià
Elegimos el Magreb—y específicamente la intuición de Gellner en el capítulo 13, “El Magreb, espejo del hombre”—por su capacidad de revelar con claridad mecanismos generalizables en medios mediterráneos de alta variabilidad climática, relieve contrastado y tradiciones hidráulicas comunales. Más que una identidad, hay continuidades ecosistémicas: gestión del agua por acequias y qanāt/norias, policultivos perennes mediterráneos, pastoralismos extensivos, y dualidades centro‑periferia en clave fiscal y simbólica. Mirar desde ese espejo no es calcar, sino seleccionar principios operativos verificables en nuestra costa oriental: autoridades del agua de base consuetudinaria (p. ej., el Tribunal de las Aguas), mosaicos agro‑silvo‑pastoriles en serranías interiores, redes cooperativas con raíz histórica.
En síntesis, escribimos desde el decrecimiento y para escenarios de intermitencia, con afán reflexivo y de ciencias sociales: no para fijar una dogmática, sino para probar si una familia de instituciones—documentadas en el Mediterráneo y teóricamente robustas en Gellner y Scott—puede mejorar las probabilidades de vida buena en un futuro más seco, más caliente y sin energía.
Marco teórico comparado: Gellner y Scott en diálogo
En este apartado establecemos el andamiaje conceptual que nos permitirá, más adelante, traducir una pareja analítica (centralización / autosegmentación) al terreno valenciano. Lo hacemos en tres pasos: (2.1) presentamos la lectura magrebí de Ernest Gellner, articulada en torno a Makhzen y país Siba; (2.2) reconstruimos la gramática valle / montaña de James C. Scott (legibilidad, granos, evasión del Estado); (2.3) proponemos una convergencia operativa para pensar estatalidades intermitentes y arquitecturas sociales de baja legibilidad como soluciones verosímiles en entornos límite.
Nota de método: aquí no se idealiza la “periferia”. Ni Gellner ni Scott postulan espacios sin conflicto; ambos retratan ecosistemas políticos con coerción, negociación, ciclos de sometimiento y fuga, y doctrinas que disputan significados.
Gellner: Makhzen vs Siba (el Magreb como “espejo”)
En Antropología y política, Gellner sugiere que el Magreb permite ver con inusual nitidez algo que ocurre en más lugares: una coexistencia estructural entre un aparato central (el Makhzen, literalmente “tesoro”, por metonimia la máquina fiscal‑militar‑simbólica del sultanato) y una constelación de espacios segmentarios de autonomía consuetudinaria (el país Siba). Esta dualidad no remite a un “dentro” y un “fuera” fijos; describe más bien un latido: el Makhzen se expande cuando hay excedentes, rutas y capacidad logística para hacer legible el territorio y exaccionar; se retrae cuando esos costes aumentan o las periferias coordinan insumisiones. La estatalidad aparece así como intermitente, dependiente de umbrales ecológicos y fiscales.
- Makhzen:
- Aparato fiscal‑militar (cobro, expediciones punitivas), jurídico‑religioso (ulemas, legitimación shar‘í), simbólico (bay‘a, rituales de obediencia) y mercantil (control de caravanas y ciudades‑nodo).
- Proyecto de legibilidad: convertir gentes, tierras y aguas en categorías administrables.
- Temporalidad: avanza con el grano (y su almacenamiento), con la seguridad de rutas y con la articulación urbano‑comercial; se deshilacha cuando el costo marginal de la coerción supera el rendimiento fiscal.
- País Siba:
- Tramas segmentarias (tribales, clánicas, confederales) con derecho consuetudinario, asambleas, liderazgos rotatorios o contingentes, repartos de agua y pastos gobernados por norma local.
- Economías más diversificadas y móviles (agro‑silvo‑pastoriles, caravaneo lateral, artesanías) que rebajan la dependencia de puntos fijos legibles para el fisco.
- Relación con el centro: ni hermética ni idílica; negocia, paga tributos en algunos ciclos, se insubordina en otros, co‑opta y es co‑optada.
La idea clave de Gellner en el cap. 13 —“El Magreb, espejo del hombre”— es epistemológica: el Magreb no es excepcional por “tribal”; es heurístico porque deja ver bien lo que muchas historias ocultan: que la centralización es costosa y condicional, y que ecosistemas sociales de baja densidad estatal no son relictos arcaicos, sino formas persistentes cuando ecología y logística lo favorecen. En su construcción más amplia (véanse también sus ensayos sobre “Tribu y Estado”), Gellner insiste en dos piezas que luego recuperaremos:
- La coerción importa: no basta “cultura” para sostener órdenes complejos; hace falta capacidad sancionadora (central o comunal) y incentivos.
- La doctrina importa: la unificación conceptual (monoteísmo, alfabetización) puede reforzar proyectos centralizadores, pero no los garantiza sin base material.
Scott: valle vs montaña (legibilidad, granos y evasión)
James C. Scott aporta una gramática complementaria. Tres nociones son centrales:
- Legibilidad (Seeing Like a State, 1998).
Los Estados modernos necesitan simplificar para administrar: catastros, apellidos fijos, parcelarios regulares, monocultivos, unidades estandarizadas. Esta “maquinaria de simplificación” produce poder (recaudar, planificar), pero con frecuencia genera fallos de alto modernismo cuando ignora complejidades locales. - Granos y valles (Against the Grain, 2017).
Los Estados tempranos cristalizan donde convergen:- Granos almacenables y divisibles (trigo, cebada, arroz): facilitan impuestos en especie.
- Hidráulica gravitatoria en planicies: concentraciones sedentarias legibles.
- Murallas y registros: poblaciones inscritas y retenidas.
En cambio, cultivos subterráneos (tubérculos), huertos policultivo y regímenes móviles resisten la exacción regular.
- Zomia y culturas de montaña (The Art of Not Being Governed, 2009).
En relieves difíciles (Sudeste asiático, pero el argumento es trans‑regional), grupos diseñan estrategias de evasión del Estado:- Asentamientos dispersos y movilidad (itinerarios, terrazas discontinuas).
- Agriculturas diversificadas (poco auditables), ciclos escalonados, trueque y reciprocidad.
- Arreglos políticos segmentarios (federaciones laxas, jefaturas efímeras).
Scott advierte que no es un “atraso” sino opción racional: maximizar autonomía frente a captura.
El hilo que cose estos tres aportes es la idea de que territorios y técnicas de subsistencia confieren (o niegan) ventanas de legibilidad. Donde hay grano + valle + riego estandarizable, florece la fiscalidad; donde hay montaña + mosaico + movilidad, prospera la evasión. Entre ambos, abundan zonas híbridas.
Convergencia conceptual y síntesis operativa
Puestas en conversación, las dos gramáticas riman:
- Makhzen ~ valle:
Proyectos de centralización que buscan legibilidad (catastro, norma, ritual, ciudad‑nodo) para extraer, estandarizar y disciplinar.- Recursos: granos, valles irrigados, rutas seguras.
- Instituciones: fisco, judicatura, clerecía/ideología, milicia.
- Siba ~ montaña/Zomia:
Autosegmentación que distribuye el poder en asambleas y alianzas rotatorias; economías que desincentivan la captura (policultivo, movilidad, comunales).- Recursos: terrazas, secanos resilientes, pastos, bosques.
- Instituciones: derecho consuetudinario, confederaciones livianas, sanciones sociales.
Ahora bien, no son equivalentes perfectos. Punto de fricción:
- Gellner subraya la coerción y el papel de las doctrinas en reforzar o limitar la centralización (p. ej., alfabetización religiosa como columna vertebral del Makhzen).
- Scott pone el foco en agencias subalternas y estrategias de ocultación (diseños agrarios y de asentamiento que rebajan la legibilidad).
De esa fricción surge nuestra síntesis operativa: pensar en “zonas Siba/Zomia” como arquitecturas políticas viables en entornos límite. No son fuera del Estado en sentido absoluto; son configuraciones adaptativas que conviven con corredores Makhzen/valle, negocian con ellos y se fortalecen cuando el centro encarece su capacidad de provisión y enforcement. La estatalidad, en suma, es pulsátil; las instituciones comunales son acumuladores que sostienen continuidad social entre pulsos.
Para el resto del ensayo, fijamos así un lenguaje común aplicable al País Valencià:
- “Valles Makhzen”: tramos de alta legibilidad (huertas intensivas, corredores logísticos, nodos mercantiles) donde estandarización y captura fiscal/tecnocrática son mayores.
- “Montañas Siba/Zomia”: mosaicos agro‑silvo‑pastoriles, comunales de agua y monte, asentamientos dispersos y coordinaciones federales de baja densidad, donde la autogestión consuetudinaria es más estable.
Esta traducción no implica un reparto fijo del mapa; al contrario, anticipa superposiciones y zonas grises: huertas con gobernanza comunal que son legibles “desde arriba” solo a medias; serranías con cooperativas articuladas a mercados; marjales de alta coordinación local y baja legibilidad externa. Precisamente ahí —en la heterogeneidad— es donde la heurística Makhzen/Siba ~ valle/montaña se vuelve útil para diseñar con incertidumbre.
Traslación ecosistémica al caso valenciano
Este apartado aterriza la heurística Makhzen/Siba ~ valle/montaña en el sur de València, atendiendo a condiciones materiales (agua, suelos, relieve, cubiertas vegetales) y a formas históricas de gobierno (consuetudinario, comunal, estatal/tecnocrático). No se trata de una cartografía “pura”, sino de capas superpuestas que, según la estación, el ciclo hídrico y las coyunturas económicas, cambian de grosor y alcance.
Ecologías históricas relevantes
a) Huerta de regadío: acequias, azarbes y comunales hidráulicos
- Morfología: llanuras aluviales (Xúquer/Magro/Serpis) con suelos profundos, red de acequias mayores y brazales, azudes, partidores y azarbes de drenaje.
- Régimen del agua: captación fluvial, reparto por tandas y turnos; reglas de prioridad (aguas altas/bajas), prohibiciones de derrame y castigos graduados.
- Gobernanza: comunidades de regantes y tribunales del agua como jurisdicciones consuetudinarias de alta resolución de conflictos (sanción moral + sanción material), con representación por partidas/filos.
- Productivo: policultivo hortícola intensivo (rotaciones cortas), frutales de regadío, arroz en marjales asociados; elevada densidad laboral y conocimiento local.
- Legibilidad: media. La parcela y el azar de tandas son auditables desde “arriba” (obras públicas, catastros, subvenciones), pero la micro‑norma de reparto, mantenimiento y sanción resiste la codificación completa: el detalle vive en la asamblea y en los síndicos.
Lectura valle/Siba‑Makhzen: la huerta combina “valle” por su accesibilidad, productividad y cartografiabilidad, con una micro‑Siba encarnada en normas consuetudinarias que otorgan autonomía real en el día a día. Es un órgano mixto.
b) Marjales y albuferas: mosaicos anfibios de coordinación fina
- Morfología: llanuras litorales con lámina de agua variable, suelos orgánicos y intrusión salina potencial; bordes de arroces, sosas, carrizales y praderas halófitas.
- Régimen del agua: puertas, compuertas y maretas; necesidad de sincronía comarcal (entrada/salida) para evitar anóxias, plagas y salinizaciones.
- Gobernanza: consorcios y juntas con elevada carga de coordinación horizontal; históricamente, decisiones por campaña (siembra, ahogado, secado), con arbitrajes entre arroz, pesca, caza, pastos y conservación.
- Productivo: arroz como monocultivo estacional en parte del mosaico; aprovechamientos múltiples (paja, pastos post‑cosecha, biomasa).
- Legibilidad: baja‑media. Aunque el arroz tiende a ser legible (superficies, rendimientos), la hidráulica fina del marjal depende de acuerdos locales y respuestas dinámicas a meteorología y mareas.
Lectura: ecosistemas anfibios que exigen cooperación, pero donde decisiones locales y saber empírico prevalecen sobre protocolos estándar. Son bisagras entre valle y montaña, con inercias Siba en la operación cotidiana.
c) Serranías y piedemontes: agrosilvopastorales de accesibilidad limitada
- Morfología: relieves de calizas y margas, barrancos y lomas aterrazadas; cota variable (La Costera interior, Vall d’Albaida alta, interior de La Safor, enlace con El Comtat y La Marina).
- Cubiertas: matorral mediterráneo, pinares de repoblación y islas agrícolas (olivo/almendro/viña) en terrazas; pastos temporales y riberas cultivadas.
- Régimen del agua: aljibes, balsas, cavas de nieve históricas; captación dispersa, dependencia de tormentas convectivas y humedades edáficas.
- Gobernanza: montes vecinales y comunales con usos regulados (leña, carboneo, resina), maderistas y pastores; faenas comunales (limpiezas, fajas).
- Productivo: economías mixtas de bajo insumo: secanos leñosos, pastoreo, pequeña huerta de apoyo, miel, setas, esparto.
- Legibilidad: baja. Parcelarios fragmentados, producciones intermitentes, autoconsumo y mercados cortos; costes de monitorización y fiscalización elevados.
Lectura: “montaña/Zomia” clara: alta autonomía, diversificación y resiliencia al fallo de insumos. También alto costo de servicios centralizados (sanidad, transporte), lo que refuerza la necesidad de mutualismos locales.
Analogía crítica Makhzen/Siba en clave valenciana
La historia hidráulica y agraria valenciana muestra pulsos de centralización (“Makhzen local”) alternando con persistencias comunales (“Siba/Zomia”). No hay periodización rígida, pero sí familias de mecanismos.
a) “Makhzen local”: fases y dispositivos de centralización
- Reformas borbónicas y Estado liberal: catastros, desamortizaciones, códigos; creciente fiscalidad sobre propiedad y producción.
- Tecnificación franquista y “desarrollismo”: canales motorizados, electrobombas, pozos profundos, planificación de cuencas; desplazamiento parcial del gobierno consuetudinario del agua por organismos técnico‑administrativos.
- PAC y tecnocracia contemporánea: subvenciones y normativas que premian estandarización varietal, trazabilidad y escala; terciarización del control (auditorías, certificaciones).
- Resultado: mayor legibilidad vertical en corredores de huerta intensiva y arroz, y en nodos logísticos (almacenes, cooperativas grandes, exportación).
b) “Espacios Siba/Zomia”: persistencias y re‑emergencias
- Comunidades de regantes fuertes: síndicos con autoridad real, juzgados del agua eficaces, cultura de mantenimiento y sanción; resolución inmediata de conflictos sin congestionar instancias superiores.
- Montes vecinales y usos comunales: turnos de pastos, corta y leña; brigadas vecinales para fuegos e inundaciones; conocimiento territorial fino.
- Economías de secano resilientes: olivo/almendro con poda para leña, aceite como vector energético‑alimentario local; ganadería extensiva como herramienta de prevención de incendios.
- Redes de ayuda mutua y cooperativas pequeñas: cajas de resistencia, intercambio de jornales, bancos de semillas, canales cortos (mercados comarcales).
c) Lectura integrada: capas superpuestas
El territorio valenciano contiene a la vez capas de valle (Makhzen) y de montaña (Siba/Zomia). Una misma acequia puede ser legible para subvenciones o inspecciones y, al mismo tiempo, intraducible en su micro‑norma de reparto. Un mismo marjal puede obedecer a calendarios de campaña e innovar acuerdos según temporales. Una misma serranía puede conectar con mercados por una cooperativa y, sin embargo, blindar su autonomía material con diversificación y auto‑provisión.
Preparando el prototipo: dónde encajar qué
A efectos de diseño (sección 4), proponemos una prematriz de encaje:
- “Valles Makhzen” (alta legibilidad)
- Tramos bajos del Xúquer/Magro/Serpis con huerta intensiva.
- Arrozales en marjales con fuerte dependencia de insumos externos.
- Nodos de almacenaje y procesado.
Estrategia: hibridar—no destruir—lo que funciona: co‑gobernanza técnico‑consuetudinaria del agua, des‑estandarizar parte de la producción, acortar cadenas y relocalizar insumos críticos.
- “Montañas Siba/Zomia” (baja legibilidad)
- Serranías de La Costera interior, Vall d’Albaida alta, interior de La Safor y su continuidad hacia El Comtat.
- Piedemontes con terrazas y montes comunales.
Estrategia: reforzar comunales, federar asambleas, financiar (en especie/servicio) brigadas vecinales y pastoralismo preventivo, multiplicar bancos de semillas y talleres de tecnologías apropiadas (norias, aljibes, hornos, carpintería de ribera).
- “Bisagras anfibias” (marjales y albuferas)
Estrategia: centros de coordinación por campaña, con protocolos flexibles y mandatos rotatorios; ensayar policultivos de arroz‑pesca‑pasto, gestión comunitaria de compuertas, monitoreo local de salinidad y calidad de agua.
Implicación clave
La traslación ecosistémica sugiere que no necesitamos “inventar” ex nihilo. El sur de València ya contiene—en sus acequias, marjales y serranías—instituciones, técnicas y hábitos compatibles con un escenario de intermitencia estatal y sobriedad energética. La tarea es re‑articularlas en clave confederal y decrecentista, asegurar relevos generacionales de saberes, y blindar—cultural y materialmente—las piezas comunales para que no sean devoradas por el alto modernismo en su fase de agonía.
Propuesta: una cultura amazigh‑andalusí de decrecimiento para el sur de València
La propuesta que sigue no es un programa cerrado, sino un prototipo institucional y cultural para escenarios de intermitencia estatal y sobriedad energética. Toma como base la heurística Makhzen/Siba ~ valle/montaña y la traslación ecosistémica realizada, y la articula en cuatro planos: principios político‑ecosistémicos, dimensión estética‑ética‑ritual, instituciones mínimas y cartografía aplicada. El objetivo es hacer operativa una cultura amazigh‑andalusí de decrecimiento: eco‑adaptada, contra‑estatal en sentido pragmático (no doctrinario), confederal y respetuosa de los saberes consuetudinarios.
Principios político‑ecosistémicos
P1. Contra‑estatalidad pragmática y subsidiariedad extrema
- Definición: desplazar la resolución de problemas al nivel más bajo competente (acequia, pedanía, aldea, mancomunidad), reservando a escalas superiores solo lo que no pueda resolverse localmente.
- Aplicación:
- Agua: reparto, mantenimiento y sanción en asambleas de acequia; coordinación comarcal solo para avenidas, estiajes severos o obras que afecten a varias comunidades.
- Montes: usos (leña, pastos, resina) decididos en juntas de monte; incendios y plagas como competencia confederal (equipos mixtos, protocolos compartidos).
- Abastos: priorizar circuitos cortos y monedas locales para amortiguar fallos logísticos.
P2. Eco‑adaptación mediterránea
- Agroecosistemas: policultivos perennes (olivo, almendro, algarrobo, frutales rústicos) + huertos de rotación + cereales/leguminosas en franjas; sombra viva (moreras, moringa en ensayos), setos y terrazzamenti re‑vivos.
- Hidráulica menor: norias, aljibes y balsas reactivadas; acequias menores recuperadas; cascadas de uso (riego → abrevadero → huerto → humedal).
- Ganadería extensiva: oveja/cabra como herramienta de desbroce y fertilización; calendarios silvo‑pastorales integrados con los de acequia.
P3. Baja legibilidad (en sentido scottiano) compatible con cooperación
- Diversificación como política: mosaicos de cultivos, calendarios escalonados, parcelas pequeñas y mixtas que reducen auditoría total y vulnerabilidad.
- Estandarizar solo lo imprescindible: formatos de coordinación (medidas de caudal, señales de riesgo, protocolos de fuego) sí; variedades únicas o calendarios rígidos, no.
- Transparencia lateral: legibilidad entre pares (cuentas abiertas en la asamblea) para sostener confianza sin hiper‑burocracia.
P4. Confederalismo municipal/comarcal
- Arquitectura: consejos de consejos (acequias → mancomunidad de riego; juntas de monte → confederación comarcal; mercados → consorcio de abasto).
- Mandatos: rotatorios, revocables y de competencia limitada (sin acumulación de poder); cuentas públicas trimestrales en asamblea.
- Interoperabilidad: señales y protocolos comunes (incendios, riadas, alertas sanitarias), sin imponer homogeneidad productiva.
P5. Soberanías materiales de “baja energía”
- Energía: micro‑fotovoltaica descentralizada y colectiva (bombeos, talleres, frío alimentario), biomasa leñosa planificada (podas, clareos), hornos comunitarios.
- Materiales: tierra cruda, cal, madera local, caña, esparto; talleres comarcales de reparación (herramienta, riego, textil, bicicletas).
- Salud: botiquines comarcales, redes de cuidados y transporte vecinal; acuerdos con atención primaria para dispositivos móviles.
Estética, ética y “espiritualidad” laica‑mesiánica (con cuidado)
No habrá instituciones duraderas sin imaginarios y hábitos que las sostengan. Proponemos una capa cultural inspirada—sin calco—en repertorios amazigh y andalusíes, y en la tradición mediterránea de hospitalidad.
Estética
- Arquitectura: tapias de tierra y revocos de cal, cubiertas ventiladas, patios y zaguanes; colores terrosos y azules marjalencos; celosías y umbráculos de caña.
- Arte y señalética: motivos geométricos (zimour/guilloché) reinterpretados; hitos de acequias y partidores con iconografía local; mobiliario urbano de madera/cal.
Ética
- Hospitalidad mediterránea: comedores comunitarios en cosecha, turnos de apoyo a mayores; pactos de confianza (“mi palabra vale”; sanciones proporcionales).
- Honor como reciprocidad: prestigio por servicio (faenas comunales, guardias de fuego, tutorías de aprendices), no por acumulación.
- Tecnologías bajas: lo suficiente y lo estable por encima de lo “último”.
“Espiritualidad” laica‑mesiánica (con cuidado decolonial)
- Eje ritual: fiestas del agua (apertura de acequia, cierre de campaña), bendiciones laicas de cosecha, romerías a aljibes/pozos recuperados.
- Calendario: estacional (siembras, podas, trasquilas, vendimias), con rituales de paso (aprender a regar, primer fuego controlado, primera poda).
- Relato: memoria andalusí como gramática de convivencia (judíos, cristianos unitarios, musulmanes) y frontera porosa con el Magreb; co‑diseño con voces amazigh contemporáneas para evitar apropiación y esencialismo.
Advertencia metodológica: toda adopción simbólica se haría en diálogo con comunidades amazigh actuales (asociaciones, artistas, agricultores), con reconocimiento de autoría y beneficios compartidos.
Instituciones mínimas (prototipo)
I1. Confederación de Acequias (CA)
- Composición: síndicos/as de cada acequia, verificadores de caudal, alguaciles.
- Funciones: arbitraje de conflictos interacequias, estiaje y avenidas; custodia de protocolos de mantenimiento; escuela de regantes (aprendices).
- Herramientas: mapas de tandas de acceso abierto, libro de agua compartido, sistema de señales (banderas/sondas) para caudal y calidad.
I2. Juntas de Monte y Mancomunidades Forestales (JM/MF)
- Composición: representantes de propietarios vecinales, ganaderos extensivos, brigadas vecinales, técnicos invitados.
- Funciones: planes de clarero y podas, calendarios de pastoreo, fajas auxiliares, vías de saca, puntos de agua; guardias de incendios rotatorias.
- Economía: bonos de leña y pastos; fondos de resina y madera para sostener brigadas.
I3. Bancos de Semillas y Milpas Mediterráneas (BS/MM)
- Bancos: custodia de variedades locales (trigos duros, garrofó, tomata de penjar, cítricos rústicos); ensayos participativos.
- Milpas mediterráneas: franjas cereal‑leguminosa‑hortaliza asociadas, barbechos florales, fauna auxiliar; rotación planificada por asamblea.
I4. Monedas locales/Vales de trabajo (ML/VT)
- Emisión: mancomunidades; respaldo en leña, aceite, horas de trabajo y alimentos.
- Uso: ferias comarcales, reparaciones, servicios de brigada; convertibilidad limitada y transparente.
I5. Cajas de Resistencia y Seguros Mutuos (CR/SM)
- Objetivo: cubrir pérdidas por granizo, incendio, plaga; apoyar bajas por cuidados.
- Gobernanza: asamblea; peritajes por pares; aportación progresiva en especie o ML/VT.
I6. Milicias vecinales de Protección Civil (MVPC)
- Mandato: incendios, riadas, búsqueda y rescate, sanidad básica en eventos climáticos.
- Características: rotación, formación cruzada, sin capacidad sancionadora fuera de emergencias; coordinación con 112 cuando exista capacidad.
I7. Consorcio de Abasto de Proximidad (CAP)
- Red: mercados comarcales coordinados, rutas de distribución en bici‑carga y furgón eléctrico compartido, cámaras de frío comunitarias.
- Contrato social: precios estables (bandas), prioridad a moneda local, criterios agroecológicos y de origen.
Cartografía aplicada (sur de València)
Esta zonificación es hecha a mano y revisable por asambleas locales.
Z1. Ribera del Xúquer (Alta/Baixa) y valle del Magro
- Perfil: huerta intensiva, cítricos, hortícolas; acequias históricas con síndicos fuertes.
- Instrumentos: CA potente; CAP con nodos en Sueca, Alzira, Algemesí; BS de cítricos rústicos y hortaliza de invierno; MVPC para avenidas.
- Política: diversificar (cítrico + hortícola + cereal de invierno), reducir dependencia de fitosanitarios, re‑naturalizar azarbes.
Z2. Safor litoral y marjal de Pego‑Oliva
- Perfil: marjal anfibio, arroces, horticultura; conflictos estacionales agua‑salinidad.
- Instrumentos: comisión anfibia (subcomarcal) para compuertas; protocolos flexibles por campaña; ensayos de policultivos arroz‑pasto‑pesca; CAP costero.
- Política: monitorización local de salinidad y calidad de agua; pastos post‑arroz con ganadería extensiva.
Z3. Vall d’Albaida (alta) y La Costera interior
- Perfil: serranías y piedemontes; secanos leñosos, pastoreo; montes comunales.
- Instrumentos: JM/MF con bonos de leña/pastos; BS de trigos duros, legumbres, almendras; talleres de tecnologías apropiadas (forja, madera, riego).
- Política: pastoralismo preventivo, clareos coordinados, reapertura de aljibes y sendas; ML/VT para trabajos forestales.
Z4. Interior de La Safor (río Serpis alto y sierras adyacentes)
- Perfil: mosaico agro‑silvo‑pastoril, accesos limitados, riesgo de incendio alto.
- Instrumentos: MVPC con turnos comarcales; planes de faja y puntos de agua; CAP con rutas a Gandia/Oliva; escuela de guarda‑fuegos.
- Política: parcelas cortafuegos productivas (frutales resistentes), mosaico con huertos de rotación, estufas de masa comunitarias.
Cierre de la propuesta
El prototipo amazigh‑andalusí de decrecimiento no pretende abolir de un plumazo la estatalidad, sino gobernar bien la intermitencia: autonomía fuerte para lo cotidiano; confederación para lo extraordinario; soberanías materiales de baja energía; ética de reciprocidad y estética que hace deseable lo sobrio. La viabilidad de este diseño se apoya en instituciones que ya existen (acequias, juntas, mercados) y en ecosistemas que ya funcionan (huerta, marjal, serranía). La innovación consiste en re‑articularlas a escala comarcal, blindarlas culturalmente y dotarlas de herramientas operativas (moneda local, cajas de resistencia, brigadas) para escenarios de declive.
Objeciones y respuestas
La propuesta de una cultura amazigh‑andalusí de decrecimiento es deliberadamente ambiciosa y, por ello, debe someterse a pruebas de tensión. En este apartado recogemos las objeciones previsibles —teóricas y prácticas— y damos respuestas operativas, con salvaguardas institucionales y criterios de evaluación. El objetivo no es desactivar la crítica, sino mejorar el prototipo.
“Romanticismo rural” y nostalgia idealizante
Objeción. Se corre el riesgo de idealizar comunidades “tradicionales” invisibilizando conflictos, desigualdades internas y violencias (de clase, género, edad). La apelación a al‑Ándalus o a repertorios amazigh podría derivar en folclorismo o en un “buen salvaje” mediterráneo.
Respuesta.
- Marco realista: Gellner/Scott no romantizan; documentan coerción, negociación e intermitencias. Adoptamos ese realismo: ninguna institución comunal funciona sin sanción efectiva y sin resolución de conflictos.
- Diseño sin inocencia: toda práctica propuesta incorpora contrapesos (rotación, revocabilidad, auditorías por pares, límites de mandato) y vías de recurso.
- Memoria selectiva, no canon: al‑Ándalus/amazia son gramáticas de posibilidad, no “edades de oro”. Tomamos técnicas (hidráulica menor, confederalismo práctico) y hábitos (hospitalidad, reciprocidad), no un paquete civilizatorio cerrado.
Salvaguardas.
- Carta de Principios (asamblea comarcal): antiviolencia, no discriminación, resolución de conflictos con mediación mixta (mujeres/hombres, jóvenes/mayores).
- Comisión de Garantías rotatoria e independiente (sorteo) con poder para suspender decisiones contrarias a los principios.
Apropiación cultural y esencialismo
Objeción. Reapropiar símbolos amazigh o relatos andalusíes puede ser extractivo o esencialista.
Respuesta.
- Co‑diseño con asociaciones y creadorxs amazigh residentes (y de la orilla sur): convenios claros de autoría, beneficio compartido y derechos culturales.
- Pluralidad estética: la capa simbólica es abierta (mudéjar/amazigh/valenciana/mediterránea), con criterios de reconocimiento y proporcionalidad.
Salvaguardas.
- Consejo de Cultura con representación amazigh, vecinal y de artes/oficios.
- Protocolo de uso de símbolos con licencias abiertas y atribución obligatoria.
Escalabilidad, seguridad y “defensa”
Objeción. ¿Cómo escalan estas formas frente a incendios de sexta generación, riadas torrenciales o incidentes de orden público? ¿Quién “defiende” a quién?
Respuesta.
- Defensa civil distribuida (MVPC) con entrenamiento cruzado y interoperabilidad comarcal; coordinación subsidiaria con 112 cuando exista.
- Prevención estructural: pastoralismo preventivo, fajas auxiliares productivas, mosaicos agro‑silvo‑pastorales; puntos de agua y rutas de escape cartografiadas.
- Orden público: poder sancionador limitado al ámbito comunal (agua/monte/mercado) y vías de derivación a jurisdicciones externas en delitos.
Salvaguardas.
- Protocolos comarcales de incendio/riada con señales comunes y simulacros anuales.
- Registro de intervenciones y evaluaciones post‑evento públicas.
Persistencia del Estado y choque regulatorio
Objeción. El Estado no desaparece; pueden producirse superposiciones normativas (agua, montes, sanidad, fiscalidad, PAC).
Respuesta.
- Pluralismo jurídico práctico: las asambleas y los tribunales consuetudinarios operan como primera instancia (rápida, eficaz, barata), con acuerdos marco con confederaciones hidrográficas, consellerias y diputaciones.
- Hibridación: co‑gobernanza técnico‑consuetudinaria del agua; convenios para prevención de incendios (planes de pastoreo/clareo reconocidos).
- Estrategia de “dos carriles”: aprovechar ventanas legales (formas cooperativas, montes vecinales, juntas de regantes) y negociar excepciones para prácticas de interés público (protección civil, biodiversidad, patrimonio hidráulico).
Salvaguardas.
- Oficina jurídica comarcal (pro bono/solidaria) para compatibilizar prácticas y licencias.
- Registro de acuerdos interinstitucionales y transparencia.
Viabilidad económica y mercados
Objeción. ¿Cómo sostener ingresos, inversión y abasto sin dependencia crítica de cadenas largas?
Respuesta.
- Triada material: alimentos cercanos, energía de baja escala (FV colectiva + biomasa controlada) y materiales locales (tierra, cal, madera) reducen divisas/inputs externos.
- Consorcio de Abasto (CAP): precios estables (bandas), moneda local complementaria, frío comunitario, logística de última milla.
- Diversificación: agricultura mixta + oficios territoriales (madera, cal, esparto, reparación) + servicios de prevención (pagos por cuidados del monte/agua).
Indicadores.
- % de cesta básica cubierta localmente; autonomía energética de bombeos/talleres; rotación de moneda local; saldo de cajas de resistencia.
Gobernanza de conflictos y riesgo de caciquismo
Objeción. Las instituciones locales pueden ser capturadas por élites o “notables”.
Respuesta.
- Arquitectura anticaptura:
- Rotación obligatoria y sorteo (con formación previa) para cargos sensibles (síndicos, árbitros).
- Revocabilidad por asamblea con quórum y mayorías reforzadas.
- Auditorías cruzadas entre acequias/juntas; publicación trimestral de cuentas.
- Incompatibilidades: límites de mandato, prohibición de doble silla (agua/monte/abasto).
Salvaguardas.
- Defensor de pueblo comarcal electo para canalizar denuncias.
- Formación anual en ética pública y gestión de conflictos.
Derechos individuales vs normas comunales
Objeción. ¿Pueden normas comunales vulnerar libertades individuales (ej., acceso al agua, sanciones)?
Respuesta.
- Carta de Derechos Comunal: derecho a abastecimiento humano mínimo garantizado; debido proceso en sanciones (notificación, defensa, apelación); proporcionalidad.
- Capas de sanción: moral (reprobación pública), trabajo comunitario, restricción temporal de usos no básicos; jamás sobre derechos fundamentales.
Salvaguardas.
- Registro de sanciones y apelaciones; mediación obligatoria antes de sanción material.
Género, cuidados y cargas invisibles
Objeción. El comunal puede re‑patriarcalizar cargas de cuidados y organización.
Respuesta.
- Paridad y co‑presidencias mixtas en órganos clave.
- Cuidados como infraestructura: comedores comunitarios, guarderías vecinales, bancos de horas.
- Prestigio por trabajo de cuidados (criterios explícitos en reconocimientos y rotaciones).
Indicadores.
- % de mujeres en cargos, horas remuneradas (en ML/VT) por cuidados, satisfacción en encuestas anuales.
Juventud, atracción y proyecto vital
Objeción. Sin horizonte de sentido y de ingresos, la juventud migrará.
Respuesta.
- Escuelas de oficio (agua, madera, tierra, herboristería, fuego), aprendizajes remunerados (ML/VT + alimentos + alojamiento).
- Renta de transición (cajas de resistencia) asociada a trabajo comunitario.
- Capa estética/vital: festivales agro‑artísticos, talleres de música/artesanía, espacios maker low‑tech.
Indicadores.
- Nº de aprendices en formación; tasa de retorno juvenil; creación de micro‑talleres.
Coordinación intercomarcal: “federalismo de lo necesario”
Objeción. Riesgo de “archipiélago” inconexo.
Respuesta.
- Consejos de Consejos con mandatos acotados (incendios regionales, semillas regionales, alertas sanitarias).
- Protocolos comunes (señales, métricas, interoperabilidad), sin uniformizar lo productivo.
Indicadores.
- Tiempo de respuesta ante emergencias multi‑comarca; número de acuerdos y su cumplimiento.
Legalidad laboral, fiscal y compatibilidad PAC
Objeción. Choques con normativa laboral/fiscal o pérdida de ayudas.
Respuesta.
- Cooperativas de trabajo y SATs como contenedores legales; contratos de faena y convalidación de ML/VT como descuento en abastos/servicios; asesoría para ecoesquemas PAC compatibles.
- Transparencia contable y contabilidad social (horas de trabajo comunitario como “aportación patrimonial”).
Salvaguardas.
- Oficina fiscal‑laboral comarcal; convenios de prácticas con FP/Universidad.
Riesgos climáticos extremos y límites biofísicos
Objeción. Eventos extremos pueden sobrepasar las capacidades locales.
Respuesta.
- Estrategia de redundancia: cascadas de uso del agua, diversidad de fuentes (aljibes, captaciones, manantiales), suelos esponja, sombreados; planes de refugio térmico (patios, lonjas, aljibes urbanos).
- Seguros mutuos (CR/SM) y fondos de emergencia confederales.
Indicadores.
- Huella hídrica por producto, capacidad de almacenamiento local (m³/hab), tiempo de recuperación post‑evento.
Salud y educación en baja densidad
Objeción. Riesgo de desasistencia sanitaria y educativa.
Respuesta.
- Puntos de salud comarcales (enfermería + botiquín + telemedicina) y brigadas de cuidados; acuerdos con atención primaria para unidades móviles.
- Red de aprendizaje: escuelas de oficio + acuerdos FP dual + currículo local (agua, monte, alimentos).
Indicadores.
- Tiempo de atención en urgencias, cobertura de cuidados de larga duración, tasas de continuidad educativa.
Balance. Las objeciones obligan a aterrizar: anticaptura, derechos, cuidados, prevención, legalidad, medición. Lejos de desactivar la propuesta, la vuelven más robusta y verificable. La clave no es “si” habrá intermitencia estatal, sino cómo vivirla con instituciones que ya existen, saberes que no se han perdido y un horizonte de vida buena compatible con un Mediterráneo más seco, más caliente y más caro.
Conclusión: del espejo magrebí al prototipo valenciano
Este ensayo ha propuesto leer la intermitencia estatal y la eco‑política de la legibilidad a través de dos lenguajes que riman: Makhzen/Siba (Gellner) y valle/montaña (Scott). En el Magreb —“espejo” más que excepción— la estatalidad aparece como un pulso que se expande cuando los costes logísticos y fiscales lo permiten y se retrae cuando topa con ecologías segmentarias y regímenes de subsistencia que desincentivan la captura. Esa misma lógica, traducida al sur de València, sugiere que la resiliencia no se juega en la promesa de una cobertura central homogénea (inverosímil en escenarios de declive energético‑hídrico), sino en diseñar bien la intermitencia: fortalecer instituciones comunales (agua y monte), federarlas con ligereza, y dotarlas de soberanías materiales de baja energía.
La traslación ecosistémica muestra que el territorio ya contiene piezas funcionales: acequias y tribunales del agua (órganos mixtos de legibilidad media), marjales que obligan a la coordinación fina, y serranías cuyo mosaico agro‑silvo‑pastoril baja la auditoría total y reparte el riesgo. Sobre esta base, hemos esbozado un prototipo amazigh‑andalusí de decrecimiento: un conjunto de principios (subsidiariedad, eco‑adaptación, baja legibilidad compatible con cooperación, confederalismo, soberanías materiales), una capa cultural (estética, ética y ritual no dogmática) y un mínimo institucional (Confederación de Acequias, Juntas de Monte/Mancomunidades, Bancos de Semillas/Milpas, Monedas Locales y Cajas de Resistencia, Milicias vecinales de Protección Civil, Consorcios de Abasto). La clave no es “volver” a nada, sino seleccionar y re‑articular tecnologías sociales probadas para un Mediterráneo más seco, más caliente y más caro.
Para evitar que el diseño derive en romanticismo, apropiación o caciquismos, la Sección 5 ha incorporado salvaguardas: cartas de principios y derechos, rotación y revocabilidad de cargos, co‑diseño con comunidades amazigh contemporáneas, paridad y reconocimiento del trabajo de cuidados, protocolos de interoperabilidad en emergencias y métricas de evaluación pública. Estas correcciones no restan ambición; la vuelven verificable.
Tres implicaciones de fondo
- Política de lo suficiente: la prioridad no es ampliar la “cobertura” de alta energía, sino garantizar mínimos robustos —agua, alimentos, cuidados, calor/frío seguros— mediante dispositivos sobrios, reparables y comunitarios.
- Pluralismo jurídico funcional: la primera instancia eficaz (acequia, junta de monte, mercado comarcal) reduce fricción con el entramado estatal y abre puentes híbridos (convenios, excepciones, co‑gobernanza).
- Cultura que hace deseable la sobriedad: sin imaginarios que den sentido —rituales del agua, prestigio por servicio, estética de tierra y madera— las instituciones no prenden. La capa simbólica no es adorno: es infraestructura moral.
Si el Magreb fue espejo, el sur de València puede ser taller: un lugar donde probar, medir y ajustar —con rigor y sin ingenuidad— una política de baja energía que no abdica de la vida buena. La cultura amazigh‑andalusí de decrecimiento aquí delineada no es un fin, sino un punto de partida: una hipótesis de trabajo para sostener autonomías densas, vínculos fértiles y ecosistemas habitables en medio de la era del ruido.
Coda de honestidad: un ensayo para imaginar
Este texto no es un plan maestro ni una hoja de ruta cerrada. Es, ante todo, un ensayo de hipótesis: un ejercicio para aterrizar lo concreto no como propuesta inmediata y factible, sino como construcción de imaginarios situados frente a la tormenta sistémica que se perfila en el horizonte. La crisis civilizatoria —energética, hídrica, climática, social— nos obliga a pensar más allá del continuismo y a ensayar figuras de posibilidad que preserven la vida buena en nuestro territorio.
El rescate de símbolos no es un gesto ornamental: es una tecnología de imaginación. Sin símbolos condensadores no hay horizonte civilizatorio alternativo. Por eso este texto se permite invocar y re‑significar:
- La caracola que usaron los maulets para comunicarse en su insurrección anti‑borbónica, hoy extinta, puede reaparecer como símbolo de alerta comunitaria, de redes vivas que se activan sin esperar órdenes lejanas.
- La figura de Al‑Azraq, caudillo andalusí que resistió la expansión feudal cristiana en las sierras del interior, puede inspirar narrativas de autonomía y defensa del territorio frente a nuevas formas de desposesión.
No se trata de folclorizar ni de romantizar, sino de producir gramáticas que permitan imaginar lo específico: cómo sería una civilización post‑modernidad occidental que preserve la vida buena en el Mediterráneo peninsular. Una civilización que no se mida por el PIB ni por la velocidad de conexión, sino por la densidad de vínculos, la robustez de los comunes y la capacidad de sostener cuidados en un mundo más seco y más caliente.
Este camino está abierto. No hay dogma ni diseño definitivo. El texto pretende inspirar, dar ideas, abrir preguntas. Nada más —y nada menos— que eso. Porque, como sugiere la historia, lo que hoy parece fantasioso o inverosímil puede tornarse realidad cuando las condiciones cambian. Ante esa posibilidad, permitámonos pensar a lo grande: no para evadir la dureza del presente, sino para ensayar futuros habitables con la imaginación como herramienta política.
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