1. Planteamiento del problema
La tesis que propongo es que la monogamia no es simplemente una opción privada o un estilo de vida entre otros, sino un aparato de Estado afectivo: un conjunto de normas, instituciones, imaginarios y tecnologías de vinculación que organiza la vida emocional, los cuidados y los proyectos de vida de las personas de forma funcional al orden socioeconómico dominante. Llamo “empirismo monógamo” al modo de conocer que toma esta organización como “lo dado”, traduciendo cualquier conflicto o disidencia en términos morales o individuales, mientras invisibiliza la estructura que produce jerarquías entre vínculos.
1.1. Contexto: la capilaridad de la norma monógama
La monogamia opera como norma total, filtrándose por los poros del lenguaje cotidiano (cómo nombramos las relaciones “con” y “sin” pareja), las políticas públicas (fiscalidad, vivienda, prestaciones y permisos organizados en torno al hogar conyugal), el derecho civil (contratos y reconocimiento), la cultura popular (narrativas románticas y canónicas de exclusividad), y los mercados que mercantilizan la intimidad (desde el ocio hasta terapias y plataformas). Esta presencia capilar no solo describe una mayoría estadística; expresa un régimen de legitimidad: jerarquiza los afectos situando la pareja como forma superior del vínculo y relegando a la categoría de “no-pareja” —amistades, redes vecinales, colectivos, parentescos ampliados— cuya valoración, acceso a intimidades, proyectos y derechos queda subordinado.
1.2. Hipótesis: de aparato ideológico a aparato afectivo
Siguiendo la idea de los aparatos ideológicos de Estado trasladada al campo de los afectos, sostengo que la monogamia funciona como un dispositivo de producción de sujetos y gestión de dependencias. Transmite una gramática de propiedad afectiva, de exclusividad y de centralidad del par que, al estabilizar los cuidados y las herencias en la célula conyugal, reproduce las relaciones de poder y la distribución de recursos que sostienen el status quo. En este marco, la “no-pareja” no es un afuera libre; es una categoría construida desde la pareja, que define lo que queda fuera de determinadas intimidades, confianzas, decisiones y planes de vida. Por eso el “estado civil” (soltería, convivencia, matrimonio) no indica necesariamente una posición política distinta respecto de la norma: puede cambiar la situación coyuntural, pero no el horizonte monógamo que estructura expectativas, permisos y sanciones.
1.3. Objetivo: una crítica materialista dialéctica del “empirismo monógamo”
El objetivo del ensayo es desnaturalizar la monogamia como hecho privado, mostrándola como estructura-aparato que articula base material (vivienda, fiscalidad, derechos, cuidados) y superestructura (ley, escuela, cultura, rituales y lenguajes), y que se sostiene mediante una epistemología práctica —el empirismo monógamo— que reduce lo estructural a lo anecdótico. Frente a ello, propongo una lectura materialista dialéctica que:
- Sitúe la monogamia en su función de reproducción social, observando cómo ordena dependencias, expectativas y legitimidades en la gestión de los afectos.
- Identifique sus contradicciones internas (entre promesas de seguridad y disciplinamiento de redes; entre libertad aparente y normatividad efectiva).
- Piense alternativas desde la anarquía relacional: una ética-política de vínculos no jerárquicos por defecto, horizontales y mutualistas, capaz de redistribuir cuidados y reconocimiento más allá del par conyugal.
Esta aclaración conceptual permite entender por qué, en clave anarquista relacional, la distinción entre “con pareja” o “soltera” no altera el núcleo del problema: ambas posiciones pueden reproducir el mismo régimen de legitimidad monógamo, y por tanto la cuestión no es el “estado civil”, sino la estructura que ordena y jerarquiza los afectos.
2. Marco teórico-conceptual
2.1. Aparatos de Estado afectivo
Para comprender la monogamia como estructura, debemos ampliar la noción de aparato ideológico de Estado (Althusser) hacia el ámbito de los afectos y cuidados. No se trata solo de instituciones jurídicas o educativas, sino de un entramado que regula cómo se organizan los vínculos y qué formas de relación son legítimas. Este aparato afectivo:
- Produce sujetos con roles normativos (pareja, cónyuge, familia nuclear).
- Jerarquiza vínculos: la pareja ocupa la cúspide, mientras amistades, redes comunitarias y parentescos ampliados quedan subordinados.
- Naturaliza dependencias: canaliza cuidados, derechos y recursos hacia la célula conyugal, reforzando la reproducción social del orden dominante.
2.2. Relacionalidad anarquista
Frente a esta estructura, la anarquía relacional no es solo una práctica íntima, sino una ética-política que cuestiona:
- La propiedad afectiva (“mi pareja”, “mi vínculo”).
- La jerarquía impuesta entre relaciones.
- La centralidad del par conyugal como núcleo de legitimidad. Propone redes horizontales, basadas en consentimiento informado, corresponsabilidad y autonomía, donde los afectos no se ordenan por defecto según un esquema jerárquico.
2.3. Empirismo monógamo: definición
Llamamos empirismo monógamo a la forma de conocer que toma la monogamia como evidencia incuestionable, reduciendo el análisis a lo inmediato y anecdótico:
- Interpreta la realidad afectiva desde la pareja como medida universal.
- Invisibiliza la estructura que produce jerarquías, transformando problemas políticos en juicios morales sobre conductas individuales.
- Opera como episteme práctica: organiza lenguaje, expectativas y decisiones sin necesidad de justificación explícita, porque lo monógamo aparece como “natural”.
Efecto epistemológico: este empirismo bloquea la imaginación política de otras formas de organización afectiva, reforzando la idea de que la pareja es el centro inevitable de la vida emocional y social.
3. Materialismo: condiciones de producción y reproducción de la monogamia
Para entender la monogamia como estructura-aparato, debemos analizar cómo se sostiene en la base material y en la superestructura ideológica, y cómo ambas se articulan para garantizar la reproducción social del orden dominante.
3.1. Base material
La monogamia no es solo una norma cultural; está anclada en condiciones materiales que la hacen funcional y hegemónica:
- Vivienda y urbanismo: el diseño de hogares, políticas de acceso y propiedad están orientados a la unidad doméstica conyugal como célula básica.
- Fiscalidad y derechos sociales: beneficios fiscales, permisos laborales, seguros y prestaciones se conceden en función del estado civil y la convivencia conyugal.
- Herencias y transmisión patrimonial: el derecho sucesorio privilegia la pareja y la familia nuclear, asegurando la continuidad de la propiedad privada.
- Gestión de cuidados: la organización del cuidado de menores, personas dependientes y mayores se canaliza hacia el hogar conyugal, reduciendo la responsabilidad colectiva y reforzando la dependencia privada.
Estas condiciones incentivan la monogamia como opción “racional” en términos de seguridad económica y acceso a derechos, convirtiéndola en una norma estructural más que en una elección libre.
3.2. Superestructura
Sobre esta base material se levanta una superestructura ideológica que legitima y naturaliza la monogamia:
- Derecho civil y políticas públicas: regulan el matrimonio, la convivencia y la filiación como formas “normales” de organización afectiva.
- Educación y escuela: transmiten modelos familiares monógamos como universales, invisibilizando otras formas de vínculo.
- Cultura y medios: narrativas románticas, canciones, cine y publicidad reproducen la idea de exclusividad como sinónimo de amor verdadero.
- Religión y moral: refuerzan la monogamia como virtud, asociándola a estabilidad, respeto y responsabilidad.
Esta superestructura no solo refleja la base material, sino que la reproduce simbólicamente, haciendo que la monogamia aparezca como “natural” y deseable.
3.3. Circulación y consumo afectivo
El mercado también juega un papel clave en la reproducción del sistema monógamo:
- Industria cultural: vende relatos y rituales (bodas, aniversarios) que consolidan la pareja como centro de la vida afectiva.
- Plataformas digitales: diseñadas para buscar pareja, no para crear redes horizontales de cuidado.
- Servicios terapéuticos y de ocio: orientados a resolver conflictos de pareja, reforzando su centralidad.
Así, la monogamia se convierte en un bien simbólico y material, mercantilizado y sostenido por incentivos económicos y culturales.
La monogamia no es una simple preferencia individual, sino una estructura sistémica que articula base material, superestructura ideológica y mercado, asegurando la reproducción social del orden económico y político. Esta articulación explica por qué el “empirismo monógamo” reduce la cuestión a elecciones privadas, ocultando el entramado que las condiciona.
4. Dialéctica: contradicciones internas del sistema monógamo
La monogamia se presenta como una elección libre y como garantía de estabilidad afectiva, pero en realidad opera como un régimen normativo que disciplina los vínculos y organiza la vida emocional en función de la reproducción social. Analizarla dialécticamente implica mostrar cómo sus promesas se sostienen sobre contradicciones estructurales.
4.1. Tesis: orden y seguridad
La monogamia se legitima mediante una narrativa que promete:
- Claridad de roles: cada persona sabe “quién es” en relación a otra (pareja, cónyuge).
- Estabilidad: la exclusividad afectiva se asocia a confianza y previsibilidad.
- Protección social: acceso a derechos, cuidados y reconocimiento institucional.
Esta tesis se presenta como natural y deseable, reforzada por la cultura, la ley y la moral.
4.2. Antítesis: conflicto y disciplinamiento
La misma estructura que promete seguridad genera:
- Dependencias estructurales: cuidados y recursos concentrados en la pareja, debilitando redes comunitarias.
- Propiedad afectiva: concepción de los vínculos como posesión (“mi pareja”, “mi tiempo”), que produce celos, control y exclusión.
- Jerarquización de afectos: amistades y comunidad quedan subordinadas, limitadas en acceso a intimidades, proyectos y derechos.
- Aislamiento social: la centralidad del par conyugal reduce la densidad de redes, aumentando vulnerabilidad ante rupturas o crisis.
Estas tensiones no son accidentes individuales, sino efectos sistémicos del modelo monógamo.
4.3. Síntesis crítica
La estabilidad que la monogamia promete se logra disciplinando el conjunto de los afectos y jerarquizando los vínculos. La “no pareja” no es un espacio libre, sino una categoría definida por la pareja: amistades, familia ampliada y redes comunitarias existen en función de no ser pareja, lo que determina su valor y sus límites. Así, la monogamia no solo organiza la intimidad, sino que estructura la sociabilidad entera.
4.4. Contradicción performativa
La monogamia afirma ser una elección personal, pero opera como norma hegemónica:
- Preforma deseos y expectativas desde la infancia (educación, cultura, rituales).
- Penaliza la divergencia mediante sanciones morales, legales y simbólicas.
- Invisibiliza otras formas de organización afectiva, presentándolas como marginales o amenazantes.
Esta contradicción revela que la “libertad” monógama es una libertad condicionada por incentivos materiales, legitimidades culturales y dispositivos institucionales.
La dialéctica entre promesa y disciplinamiento muestra que la monogamia no es un simple contrato afectivo, sino un mecanismo de orden social que estabiliza el sistema mediante la producción de sujetos dependientes y la jerarquización de vínculos. Su crítica exige ir más allá de la moral individual y situarla en el plano estructural.
5. Crítica al “empirismo monógamo”
El empirismo monógamo es la forma de conocimiento que reduce la monogamia a una cuestión individual o moral, invisibilizando su carácter estructural y su función como aparato de Estado afectivo. Esta crítica es fundamental porque explica por qué la mayoría de los discursos sobre relaciones se quedan en la superficie, sin cuestionar el sistema que las produce.
5.1. Ceguera estructural
El empirismo monógamo interpreta la realidad afectiva desde categorías inmediatas:
- Estado civil (“soltera”, “casada”, “con pareja”) como si fueran posiciones políticas distintas.
- Conductas individuales (fidelidad, infidelidad, compromiso) como si fueran el núcleo del problema.
Este enfoque pierde el mapa sistémico: no ve el entramado de instituciones, incentivos y normas que hacen de la monogamia la forma hegemónica de organizar afectos y cuidados. Así, la pregunta “¿por qué te da igual si alguien tiene pareja o no?” parte de un marco que naturaliza la pareja como centro y no concibe que ambas posiciones (con pareja o soltera) pueden reproducir la misma lógica monógama.
5.2. Moralización
Al no reconocer la dimensión política, el empirismo monógamo convierte los problemas estructurales en juicios morales:
- Se evalúa la “bondad” o “corrección” de las personas según su adhesión a la norma monógama.
- Se invisibilizan las condiciones materiales (derechos, cuidados, vivienda) que hacen que la monogamia sea funcional al sistema.
- Se responde a la crítica al aparato monógamo como un ataque a la propia moralidad, puesto que no se vislumbra lo estructural.
Este desplazamiento del plano político al plano moral impide pensar alternativas colectivas y refuerza la idea de que todo se reduce a “elecciones personales”. Por tanto, desde aquí, estas «opciones personales» siempre serán legítimas.
5.3. Efecto epistemológico
El empirismo monógamo actúa como una episteme práctica que:
- Naturaliza la monogamia como “dato” y no como construcción histórica.
- Bloquea la imaginación política: otras formas de organización afectiva aparecen como marginales, utópicas o amenazantes.
- Refuerza la hegemonía: al no cuestionar la estructura, reproduce la jerarquía afectiva que sitúa la pareja en la cúspide y subordina amistades, redes comunitarias y parentescos ampliados.
Criticar el empirismo monógamo no es un ejercicio teórico abstracto: es una herramienta para desnaturalizar la norma, revelar su función en la reproducción social y abrir espacio a políticas relacionales que distribuyan cuidados y reconocimiento más allá del par conyugal.
6. Monogamia como estructura-aparato de Estado afectivo
Para consolidar la tesis, es necesario describir la monogamia no solo como norma cultural, sino como estructura-aparato que articula funciones, tecnologías y efectos en la reproducción social. Este aparato no actúa de manera explícita como la policía o el ejército, sino de forma difusa y capilar, moldeando imaginarios, prácticas y expectativas afectivas.
6.1. Funciones del aparato monógamo
- Producción de sujetos: genera identidades normativas (pareja, cónyuge, familia nuclear) y roles afectivos jerarquizados.
- Gestión de riesgos sociales: canaliza cuidados, herencias y derechos hacia la célula conyugal, reduciendo la responsabilidad colectiva.
- Reproducción social: asegura la continuidad del orden económico y político mediante la familia nuclear como unidad básica.
- Legitimación moral y cultural: convierte la monogamia en sinónimo de respeto, madurez y estabilidad, descalificando otras formas de vínculo como desviadas o inmaduras.
6.2. Tecnologías del aparato
La monogamia se sostiene mediante tecnologías simbólicas y materiales que operan en distintos niveles:
- Lenguaje: términos como “pareja estable”, “infidelidad”, “soltería” organizan el campo semántico desde la centralidad del par.
- Rituales: bodas, aniversarios, celebraciones que refuerzan la exclusividad como valor social.
- Documentación legal: contratos matrimoniales, registros civiles, beneficios fiscales que institucionalizan la pareja.
- Normas y sanciones: sociales (estigma, presión familiar), legales (derechos diferenciales), culturales (narrativas románticas).
- Imaginería cultural: cine, música, publicidad que glorifican la exclusividad y la fusión identitaria como ideal.
6.3. Efectos estructurales
- Jerarquización de afectos: la pareja ocupa la cúspide; amistades, redes comunitarias y parentescos ampliados quedan subordinados.
- Dependencia institucional: las personas se orientan a reproducir el esquema conyugal para acceder a derechos y reconocimiento.
- Reducción de densidad relacional: la centralidad del par conyugal debilita redes horizontales, aumentando vulnerabilidad ante rupturas.
- Naturalización de la norma: la monogamia aparece como “dato” y no como construcción histórica, bloqueando la imaginación política de alternativas.
La monogamia no es un simple contrato afectivo, sino un aparato de Estado afectivo que opera mediante funciones, tecnologías y efectos para garantizar la reproducción social del orden dominante. Su crítica exige desmontar estas tecnologías y redistribuir cuidados y legitimidades más allá del par conyugal.
7. Perspectiva anarquista relacional: horizontes y tácticas
La crítica a la monogamia como aparato de Estado afectivo no puede quedarse en la denuncia; debe abrir horizontes de posibilidad y proponer estrategias concretas para reorganizar los afectos y los cuidados de manera horizontal, autónoma y mutualista. La anarquía relacional no es solo una práctica íntima, sino una política de vínculos que busca redistribuir legitimidades y recursos más allá del par conyugal.
7.1. Diagnóstico político
El problema no es la existencia de parejas, sino la jerarquía impuesta que convierte la pareja en el centro exclusivo de derechos, cuidados y reconocimiento. La cuestión no es “elección privada”, sino organización social del cuidado: ¿quién accede a recursos, tiempo, afecto y legitimidad? ¿Cómo se distribuyen las cargas y los beneficios?
7.2. Principios de la anarquía relacional
- Autonomía de vínculos: cada relación se define por sus propias condiciones, no por un modelo jerárquico preestablecido.
- Horizontalidad: evitar estructuras de poder y propiedad afectiva; no jerarquizar afectos por defecto.
- Consentimiento informado y continuo: acuerdos claros, revisables, basados en transparencia.
- Corresponsabilidad: distribución equitativa de cuidados y tareas, sin concentrarlos en un solo vínculo.
- Pluralidad y diversidad: reconocimiento de múltiples formas de intimidad y afecto, sin imponer un patrón único.
- Cuidados en el centro que generalmente desactivan relaciones de poder y la necesidad acuerdos.
7.3. Institucionalidad mínima y mutualista
Para que estas prácticas no queden en lo privado, es necesario crear infraestructuras comunitarias que sostengan la redistribución de cuidados:
- Redes de apoyo mutuo: grupos vecinales, colectivos de crianza, cooperativas de cuidados.
- Cooperativas de vivienda: espacios que rompan con la lógica del hogar conyugal como única unidad legítima.
- Bancos de tiempo y cuidados: sistemas para compartir tareas y recursos sin mediación mercantil.
- Reconocimiento legal flexible: contratos y pactos que no dependan de la pareja, sino de redes afectivas plurales.
7.4. Estrategias culturales y pedagógicas
- Lenguaje inclusivo de vínculos: evitar términos que jerarquicen afectos (“primario”, “secundario”) y promover categorías abiertas.
- Educación afectiva crítica: incorporar en la escuela debates sobre diversidad relacional, cuidados comunitarios y ética del consentimiento.
- Narrativas alternativas: producir y difundir relatos que visibilicen redes horizontales y cuestionen la centralidad del par conyugal.
La anarquía relacional no es una utopía abstracta, sino una política concreta que redistribuye cuidados, derechos y legitimidades. Frente al aparato monógamo, propone infraestructuras comunitarias, principios éticos y estrategias culturales para construir una sociedad donde los afectos no estén subordinados a la lógica del Estado y el mercado.
8. Metodología para el análisis materialista dialéctico de casos cotidianos
Para que la crítica a la monogamia como aparato de Estado afectivo no quede en el plano teórico, necesitamos una metodología práctica que permita mapear, interpretar y transformar las relaciones en contextos concretos. El objetivo es pasar de la abstracción a la intervención política y cultural.
8.1. Mapa de dispositivos
Identificar los dispositivos normativos y materiales que sostienen la centralidad del par conyugal:
- ¿Qué normas legales regulan derechos y beneficios en función del estado civil?
- ¿Qué rituales culturales refuerzan la exclusividad (bodas, aniversarios)?
- ¿Qué incentivos económicos hacen funcional la monogamia (fiscalidad, vivienda)?
- ¿Qué lenguajes y narrativas naturalizan la pareja como centro?
Herramienta práctica: elaborar un diagrama de aparatos (educación, derecho, mercado, cultura) y sus efectos sobre la organización afectiva.
8.2. Topografía de afectos
Cartografiar cómo se distribuyen intimidades, confianzas y proyectos:
- ¿Qué vínculos acceden a cuidados y derechos?
- ¿Qué relaciones quedan excluidas de decisiones importantes?
- ¿Cómo se jerarquizan los afectos en la práctica cotidiana?
Ejemplo: analizar un grupo social (familia, amistades, colectivo) y dibujar la pirámide de jerarquización que sitúa la pareja en la cúspide.
8.3. Contradicciones y fisuras
Localizar las tensiones internas del sistema monógamo:
- ¿Dónde se producen conflictos entre la promesa de estabilidad y la realidad de aislamiento?
- ¿Qué prácticas contra-hegemónicas emergen (redes de apoyo, crianza compartida, cooperativas)?
- ¿Qué discursos alternativos circulan y cómo se enfrentan a la norma?
Objetivo: identificar espacios de intervención donde la crítica pueda generar transformación.
8.4. Estrategias de intervención
Proponer acciones en tres niveles:
- Micro: lenguaje cotidiano, acuerdos relacionales, prácticas de cuidado horizontales.
- Meso: colectivos, asociaciones, centros educativos que promuevan redes no jerárquicas.
- Macro: incidencia política para reconocimiento legal de redes de cuidado y modelos familiares diversos.
Herramienta: diseñar protocolos de redistribución de cuidados y pactos comunitarios que no dependan de la pareja.
La metodología dialéctica permite pasar de la crítica teórica a la práctica transformadora: mapear dispositivos, cartografiar afectos, detectar contradicciones y diseñar estrategias para desjerarquizar vínculos y construir redes horizontales de cuidado.
9. Objecciones y respuestas
9.1. “La monogamia es una elección personal”
Objección. La monogamia sería una opción privada, fruto de preferencias individuales; por tanto, cuestionarla sería no respetar la libertad personal.
Respuesta. La elección existe, pero es una elección estructurada: está rodeada de incentivos materiales (fiscalidad, vivienda, derechos), legitimidades culturales (narrativas románticas, moral religiosa) y sanciones sociales y legales que hacen de la monogamia la opción hegemónica. Reconocer esto no niega la agencia; la sitúa en su contexto político. La crítica no pretende abolir la práctica de parejas, sino desjerarquizarla y redistribuir derechos y cuidados más allá del par conyugal.
9.2. “La centralidad del par garantiza estabilidad y cuidado”
Objección. El par conyugal sería la forma más eficaz de asegurar seguridad, cuidado y continuidad.
Respuesta. La estabilidad que se atribuye al par se logra concentrando cuidados y recursos en una sola relación y debilitando redes comunitarias. Eso genera vulnerabilidad ante crisis y rupturas, y excluye a vínculos no conyugales del acceso a intimidades, proyectos y derechos. Existen formas de estabilidad basadas en redes horizontales, mutualismo y corresponsabilidad compartida, que reducen riesgos sistémicos y distribuyen la carga de cuidados de modo más equitativo.
9.3. “La crítica desvaloriza el compromiso y la fidelidad”
Objección. Cuestionar la monogamia sería atacar el compromiso, la confianza y la responsabilidad.
Respuesta. La crítica no se dirige contra el compromiso en sí, sino contra su jerarquización y su asociación con la propiedad afectiva (“mi vínculo”, “mi tiempo”). El compromiso puede ser plural, no propietario, transparente y corresponsable, sin depender de un esquema que sitúe un vínculo por encima de todos los demás por defecto. Se propone desvincular el compromiso de la exclusividad normativa y reconectarlo con la ética del consentimiento y la redistribución de cuidados.
9.4. “La monogamia protege a la infancia”
Objección. La familia nuclear monógama sería la mejor garantía para el bienestar de menores.
Respuesta. El bienestar no depende de la forma del vínculo, sino de la densidad y calidad de las redes de cuidado, los recursos materiales disponibles y la estabilidad en el tiempo. Redes comunitarias y parentescos ampliados pueden ofrecer más manos, más tiempos y más apoyos que un hogar conyugal aislado. La protección real se fortalece cuando el cuidado es colectivo, corresponsable y reconocido institucionalmente, no cuando se excluye por diseño a vínculos no conyugales.
9.5. “Sin jerarquías afectivas hay caos relacional”
Objección. Si no hay una relación central, todo se vuelve confuso e inestable.
Respuesta. La alternativa a la jerarquía impuesta no es el caos, sino la organización explícita de acuerdos: consentimiento informado y continuo, transparencia de expectativas, protocolos de cuidado y límites, y pactos comunitarios. La claridad no la aporta la jerarquía por sí misma, sino la calidad de los cuidados y la infraestructura de apoyo que los sostiene.
9.6. “Las otras formas de relación son utópicas o impracticables”
Objección. Las propuestas horizontales funcionarían solo en teoría o en contextos muy concretos.
Respuesta. Muchas prácticas ya existen: redes vecinales de apoyo, cooperativas de vivienda, bancos de tiempo, crianza compartida, pactos entre amistades para cuidado mutuo y herencias. Lo que falta es reconocimiento institucional y ajuste de incentivos para que dejen de ser excepciones. La crítica señala dónde el sistema bloquea estas alternativas y propone vías para institucionalizarlas mínimamente sin reintroducir jerarquías.
9.7. “Cuestionar la monogamia ataca la cultura y la tradición”
Objección. La monogamia estaría arraigada en tradiciones y valores culturales que deben preservarse.
Respuesta. Las tradiciones son prácticas vivas que cambian con las condiciones materiales y los horizontes éticos. Preservar valores como el cuidado, la solidaridad y el compromiso no exige mantener una forma jerárquica específica. La perspectiva materialista dialéctica invita a separar los valores de las formas hegemónicas que los monopolizan y a experimentar configuraciones que los hagan más inclusivos y equitativos.
9.8. “Todo se reduce a preferencias: no hay estructura”
Objección. Las relaciones son solo gustos personales; hablar de aparato es exagerado.
Respuesta. Las “preferencias” se forman en contextos: la ley, la escuela, los medios, la fiscalidad y el mercado preforman deseos y expectativas. Cuando un arreglo recibe más derechos, más reconocimiento y menos sanción, no estamos ante gustos neutrales, sino ante un régimen de legitimidad. Nombrarlo como estructura-aparato permite ver y transformar los mecanismos que hacen de una forma de vincularse la norma.
Anticipar objeciones y responderlas en clave materialista dialéctica ayuda a desnaturalizar la monogamia, distinguir entre valores y formas, y abrir espacio a políticas relacionales que amplíen la libertad real: la que se ejerce en condiciones de reconocimiento, infraestructuras de cuidado y ausencia de jerarquías impuestas.
10. Conclusión
La tesis que hemos sostenido es que la monogamia no puede entenderse como una mera preferencia privada: opera como un aparato de Estado afectivo que articula base material, superestructura y tecnologías culturales para jerarquizar vínculos, disciplinar afectos y reproducir el orden social dominante. El empirismo monógamo -esa episteme práctica que toma la pareja como dato “natural”- oculta el carácter histórico y político de esta organización, desplazando los conflictos estructurales hacia juicios morales y evaluaciones individuales.
Desde una filosofía materialista dialéctica, hemos mostrado que la promesa de estabilidad y claridad de roles se sostiene sobre contradicciones: concentración de cuidados y recursos, dependencias que fragilizan redes comunitarias, y una performatividad normativa que preforma deseos y expectativas. La “no-pareja” no es un afuera libre, sino una categoría definida por la centralidad del par, que limita acceso a intimidades, proyectos y derechos.
Frente a ello, la anarquía relacional emerge como horizonte y práctica: desjerarquizar afectos, redistribuir cuidados y reconocer pluralidad de vínculos mediante acuerdos claros, consentimiento informado y continuo, y infraestructuras mutualistas (redes de apoyo, cooperativas de vivienda, bancos de cuidados, pactos comunitarios). La libertad real no se mide por la elección de un modelo íntimo, sino por las condiciones materiales y legitimidades que permiten sostener diversidad de formas sin subordinarlas a una jerarquía impuesta.
Concluir no es clausurar: es abrir campo de intervención. La crítica al aparato monógamo invita a:
- Reformar incentivos y marcos legales para reconocer redes de cuidado más allá del par conyugal.
- Transformar lenguajes y narrativas que naturalizan la exclusividad como única medida de compromiso.
- Instituir soportes comunitarios que aumenten la densidad relacional y reduzcan vulnerabilidades.
En suma, desnaturalizar la monogamia como estructura-aparato permite repolitizar los afectos: verlos como bien común a organizar con criterios de autonomía, horizontalidad y justicia, y no como propiedad privada de un vínculo central. Solo así la gestión de la vida íntima y del cuidado puede contribuir a una reproducción social menos dependiente del Estado y del mercado, y más arraigada en la cooperación, la corresponsabilidad y la libertad compartida.
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