1. Introducción

El discurso neomaltusiano reaparece con fuerza en el contexto de la crisis ecológica y civilizatoria contemporánea: colapso climático, pérdida de biodiversidad, crisis hídrica y alimentarización del territorio por el agronegocio. En ese marco, una parte del debate público propone una salida “simple” y supuestamente técnica: reducir la población humana como medida central -o incluso única- para garantizar la sostenibilidad del planeta. Este ensayo cuestiona esa premisa y la genealogía que la sustenta, y lo hace mostrando que se trata de una falacia asentada en supuestos ahistóricos y naturalizados que invisibilizan el papel del poder, la distribución, la tecnología, las instituciones, el patriarcado y el colonialismo.

La tesis que adelantamos es clara: el neomaltusianismo absolutiza la variable demográfica y convierte la escasez en un hecho natural, despolitizado, cuando la experiencia histórica demuestra que los impactos socioecológicos dependen de metabolismos materiales y energéticos, de patrones de consumo profundamente desiguales, de diseños institucionales, de formas de cooperación y autogestión, y de decisiones políticas sobre qué y para quién se produce. Al centrarse en la cifra de habitantes, este discurso borra las responsabilidades diferenciales (clase, raza, centro–periferia) y legitima formas de eco-autoritarismo que suelen recaer sobre mujeres, pobres, pueblos indígenas y poblaciones del Sur Global.

El objetivo del ensayo es doble. Primero, delinear con precisión la tesis original de Malthus y el repertorio de tesis secundarias del neomaltusianismo contemporáneo que sostienen la “solución demográfica”. Segundo, desmontar esa arquitectura desde cuatro marcos críticos complementarios: el pensamiento anarquista (centrado en cooperación, comunes y crítica del autoritarismo tecnocrático), el pensamiento sistémico (complejidad, retroalimentaciones y capacidad de carga dinámica), la perspectiva decolonial (genealogía imperial del control reproductivo y externalizaciones materiales) y la antropología crítica (transición demográfica voluntaria, politización del hambre y diversidad cultural como capacidad adaptativa).

Para ello, propondremos una estructura que avanza desde la exposición al contraste argumentativo, incorporando una pieza clave: la crítica a la falacia del automatismo reproductivo, que asume que mejoras materiales conducen inevitablemente a más natalidad, invisibilizando los regímenes culturales y políticos de control de la reproducción y, especialmente, el patriarcado y el estatismo que han impuesto a las mujeres cargas reproductivas y maternidades forzadas como estrategias de expansión económica y militar.

El hilo conductor que atraviesa el texto es que no necesitamos menos humanidad, sino menos dominación y menos despilfarro: democratizar el metabolismo socioecológico, fortalecer los comunes (energía, agua, alimentos), instituir políticas de demanda y límites materiales decididos democráticamente, asegurar justicia reproductiva y derechos, y apostar por instituciones poliarquías capaces de sostener la vida con equidad y libertad. La sostenibilidad es un problema de organización social, no de mera cuantía demográfica.

2. Malthus, texto y contexto

Para comprender el neomaltusianismo contemporáneo, es imprescindible volver a la fuente: el Ensayo sobre el principio de la población (1798), obra en la que Thomas Robert Malthus formula una tesis que marcaría la economía política clásica y, más tarde, las políticas demográficas globales.

2.1 La tesis central

Malthus sostiene que la población humana tiende a crecer en progresión geométrica (exponencial), mientras que la producción de alimentos solo lo hace en progresión aritmética (lineal). Esta asimetría, según él, conduce inevitablemente a una situación en la que la población supera la capacidad de subsistencia, generando escasez crónica, hambre, epidemias y conflictos. Para evitar el colapso, Malthus propone dos tipos de frenos:

  • Frenos positivos: guerras, enfermedades, hambrunas, que reducen la población por la vía del sufrimiento.
  • Frenos preventivos: retraso del matrimonio, continencia sexual, autocontrol moral.

2.2 Supuestos básicos

La tesis maltusiana descansa sobre tres supuestos fundamentales:

  1. Subsistencia como límite rígido: la capacidad de producir alimentos se concibe como casi fija, ignorando la posibilidad de innovación tecnológica, reorganización social o cambios en el metabolismo económico.
  2. Escasez naturalizada: la falta de recursos se presenta como un hecho biológico, no como resultado de relaciones sociales, distribución desigual o acaparamiento.
  3. Neutralidad política: Malthus se opone a las Poor Laws (leyes de ayuda a los pobres) porque, según él, incentivan la reproducción y agravan la miseria. Así, convierte la desigualdad en un mecanismo “natural” de regulación demográfica.

2.3 Contexto histórico

El ensayo surge en plena Revolución Industrial británica, cuando la urbanización acelerada y la precarización obrera generan tensiones sociales. Malthus escribe para justificar la posición de las élites frente a la pobreza: la miseria no es producto de explotación, sino de “exceso de población”. Esta narrativa legitima la retirada de ayudas y la consolidación de un orden económico basado en la competencia y la disciplina laboral.

2.4 Crítica histórica

La tesis maltusiana ignora factores decisivos:

  • Innovación tecnológica: la agricultura industrial, la mecanización y la ciencia agronómica multiplicaron la producción de alimentos.
  • Instituciones y distribución: el hambre no se explica por falta física de alimentos, sino por desigualdad en el acceso (como demostrará Amartya Sen en el siglo XX).
  • Cultura y política reproductiva: cuando se les ha permitido, las sociedades han regulado la natalidad mediante normas culturales, religiosas y económicas, desmintiendo la idea de un crecimiento “natural” incontrolable.

En síntesis, Malthus convierte una relación contingente en una ley universal, invisibilizando la historicidad de la producción y la reproducción humanas. Esta naturalización será el núcleo de la gran falacia maltusiana, que reaparece hoy bajo ropajes “verdes” y tecnocráticos.

3. El repertorio neomaltusiano contemporáneo

El neomaltusianismo actual no se limita a repetir la tesis original de Malthus; la reviste con un lenguaje “científico” y “verde”, apoyándose en fórmulas y conceptos que aparentan neutralidad técnica. Sin embargo, bajo esa apariencia se ocultan supuestos ideológicos que reducen la crisis ecológica a una cuestión demográfica, desplazando la atención de las estructuras de poder, consumo y acumulación. A continuación, presentamos las principales tesis secundarias que sostienen este discurso:

3.1 Demografismo fuerte

La población se presenta como la variable independiente que explica el impacto ambiental. Fórmulas como IPAT (Impacto = Población × Afluencia × Tecnología) se citan como axiomas, pero en la práctica se absolutiza P, ignorando que el impacto depende sobre todo de patrones de consumo desiguales y de tecnologías.
Ejemplo: informes que culpan del cambio climático al crecimiento poblacional en África, mientras silencian que el 10% más rico del planeta genera más del 50% de las emisiones.

3.2 Capacidad de carga entendida como cifra fija

Se invoca la idea de “carrying capacity” como un umbral estático, sin considerar que los sistemas socioecológicos son dinámicos y que la capacidad depende de tecnologías, dietas, distribución y organización social.
Ejemplo: cálculos que fijan un “límite planetario” de 3.000 millones de personas sin explicar los supuestos sobre consumo y tecnología.

3.3 Tragedia de los comunes simplificada

Se recurre a Hardin para justificar control autoritario, ignorando que comunes bien gobernados (con reglas, sanciones y reciprocidad) evitan la tragedia, como demostró Elinor Ostrom.
Ejemplo: propuestas de privatización de acuíferos bajo el argumento de que “si todos acceden, se agota”.

3.4 Jevons y el rebote como destino inevitable

Se afirma que toda mejora tecnológica aumenta el consumo (efecto rebote), como si fuera una ley natural, invisibilizando que políticas de demanda, impuestos y límites normativos pueden neutralizarlo.
Ejemplo: discursos que descalifican la eficiencia energética porque “solo lleva a más consumo”.

3.5 Fetichismo tecnológico inverso

Se niega la posibilidad de innovaciones socio-técnicas transformadoras (agroecología, energías distribuidas, diseño institucional), reduciendo todo a “más gente = colapso”.
Ejemplo: informes que descartan la agroecología por considerarla “insuficiente” sin analizar su potencial combinado con cambios dietéticos.

3.6 Kuznets ambiental mal aplicado

Se sugiere que “más riqueza, menos contaminación” como ley universal, ignorando externalizaciones hacia el Sur Global y la huella material oculta en las cadenas globales.
Ejemplo: países ricos que presumen de “desmaterialización” mientras importan minerales y alimentos de territorios devastados.

3.7 Naturalización de la escasez alimentaria

Se afirma que “no hay comida suficiente”, obviando que el problema central es distribución, acaparamiento y desperdicio.
Ejemplo: organismos que promueven control natal en regiones donde la producción local se destina a exportación.

3.8 Individualización del impacto

Se desplaza la atención hacia la “huella personal”, despolitizando la ecología y ocultando el papel de corporaciones y Estados.
Ejemplo: campañas que culpan al consumidor por usar bolsas de plástico mientras las petroleras expanden la producción.

3.9 Eco-autoritarismo

Se propone “salvar el planeta” mediante control reproductivo sobre pobres y migrantes, con sesgos clasistas, racistas y eugenésicos.
Ejemplo: programas de esterilización forzada en India y Perú durante el siglo XX, legitimados por discursos de “sostenibilidad”.

3.10 Confusión entre densidad y degradación

Se equipara densidad poblacional con impacto, cuando el impacto depende de la matriz energética y del patrón de consumo, no de la mera cantidad de personas.
Ejemplo: ciudades densas con baja huella per cápita frente a suburbios extensivos con alto consumo energético.

Este repertorio configura un marco discursivo que naturaliza la escasez, culpabiliza a los pobres y despolitiza la crisis ecológica, preparando el terreno para políticas coercitivas y tecnocráticas. En el siguiente apartado analizaremos las falacias lógicas y políticas que sostienen estas tesis, incluyendo una pieza clave: la falacia del automatismo reproductivo, que invisibiliza el papel del patriarcado y del estatismo en la imposición histórica de la maternidad.

4. Falacias y contra-argumentos (núcleo crítico del ensayo)

Este apartado identifica y desmonta el armazón lógico y político del neomaltusianismo. Partimos de una falacia principal -la naturalización de la escasez y la fijación de la “subsistencia” como límite inmutable- y desplegamos las falacias derivadas que operan como soportes del discurso. En cada caso, añadimos contra-argumentos conceptuales, históricos y políticos, con ejemplos ilustrativos y líneas de alternativa.

4.1 Falacia principal: la sustancialidad fija de la subsistencia

Enunciado: La capacidad de producir alimentos y sostener la vida es un límite natural, estático y cuasi inmutable; por tanto, el crecimiento poblacional conduce “inevitablemente” a escasez, hambre y colapso.

Por qué es falaz:

  • Confunde límites biofísicos reales con un umbral institucional y tecnológico histórico-contingente. La “capacidad de carga” depende de dietas, tecnologías, distribución, uso del suelo, logística y reglas de acceso.
  • Convierte una situación política (cómo se organiza la economía y quién decide qué se produce) en una ley natural; despolitiza la escasez y la hace parecer inevitable.
  • Ignora innovación socio-técnica y reconfiguración institucional (agroecología, conservación comunitaria, matrices energéticas renovables distribuidas, planificación material democrática).

Contra-argumento: La sostenibilidad no es un problema de “cantidad de humanos” sino de metabolismo socioecológico: flujos materiales y energéticos que pueden re-diseñarse con justicia distributiva, comunes robustos y límites deliberados. La evidencia histórica muestra que la disponibilidad alimentaria y el impacto ecológico varían con las instituciones y los patrones de consumo, no de manera proporcional y mecánica con la población.

4.2 Falacia del automatismo reproductivo (quizás la más oculta e importante)

Enunciado: Mejorar las condiciones materiales (alimentación, ingresos) incrementa automáticamente la natalidad; por tanto, cualquier política de bienestar “dispara” la población.

Por qué es falaz:

  • Ignora que las sociedades han regulado la reproducción mediante normas culturales, religiosas, económicas y políticas muy diversas (espaciamiento de nacimientos, lactancia prolongada, tabúes, acuerdos comunales, estrategias de herencia y transmisión de tierras).
  • Invisibiliza el patriarcado y el estatismo que han impuesto maternidades y elevada fecundidad a las mujeres: políticas pronatalistas, penalización de anticoncepción y aborto, control de la sexualidad y del trabajo reproductivo como “reserva demográfica” para guerra y expansión económica.
  • Desconoce la transición demográfica: cuando existen derechos reproductivos, autonomía económica, educación, salud y seguridad social, las tasas de fecundidad caen de forma voluntaria y sostenida.

Contra-argumento: La natalidad no es un reflejo automático del bienestar; es una decisión condicionada por poder, derechos y cultura. La política feminista y comunitaria -justicia reproductiva, educación, acceso universal a anticoncepción, servicios de salud, co-responsabilidad de cuidados y seguridad material- reduce la natalidad sin coerción y desmonta el mecanismo patriarcal que instrumentaliza el cuerpo de las mujeres como variable de Estado y mercado.

4.3 Falacia de la neutralidad normativa

Enunciado: “Reducir población” es una solución técnica y neutral; solo se trata de optimizar el sistema.

Por qué es falaz:

  • Encubre decisiones morales y políticas de enorme calado: ¿quién reduce? ¿cómo? ¿con qué garantías? ¿por coerción o por derechos? ¿sobre qué cuerpos recae la intervención?
  • Históricamente, el control demográfico ha sido clasista, racista y eugenésico, dirigido contra pobres, indígenas, migrantes y mujeres.

Contra-argumento: No hay neutralidad: cualquier política sobre reproducción es biopolítica. La única vía legítima es la justicia reproductiva: derechos, autonomía, servicios públicos y no-coerción. La sostenibilidad se persigue deliberando límites y redistribuyendo poder y riqueza, no imponiendo cuotas de vidas.

4.4 Falacia del promedio (per cápita)

Enunciado: La huella ecológica “per cápita” demuestra que el problema es Población.

Por qué es falaz:

  • Los promedios ocultan heterogeneidades extremas: el 10% más rico concentra una parte desproporcionada del impacto; las élites consumen materiales y energía con multiplicadores de orden de magnitud.
  • Confunde estadística descriptiva con causalidad política: la variable relevante es el patrón de consumo y la acumulación, no la mera cabeza contada.

Contra-argumento: Sustituir promedios por distribuciones y cuartiles revela el foco real: política de demanda, topes materiales, fiscalidad ecológica progresiva y estándares que contengan el consumo de lujo y la extracción para la acumulación.

4.5 Falacia del cierre causal (control natalidad = sostenibilidad)

Enunciado: Reduciendo la natalidad se resuelven los impactos ambientales.

Por qué es falaz:

  • El impacto depende de infraestructura, matrices energéticas, orientación productiva, logística, propiedad de la tierra y geopolítica; no se corrige solo con menos nacimientos.
  • Ignora el efecto composición: pocos habitantes con consumo extremo siguen provocando límites y crisis.

Contra-argumento: La sostenibilidad requiere reorganización institucional del metabolismo: comunes (energía/agua/alimentos), planificación material, equidad y reducción del consumo superfluo; la demografía, por sí sola, no cierra el sistema.

4.6 Falacia ahistórica

Enunciado: La demografía obedece “leyes” naturales y eternas.

Por qué es falaz:

  • La demografía es histórica: responde a cambios en derechos, educación, urbanización, salud y seguridad. Las tasas de fecundidad caen cuando se transforman instituciones y expectativas vitales.
  • Ignora experiencias en que la natalidad se reduce bajo regímenes no coercitivos y con fortalecimiento comunitario.

Contra-argumento: Tratar la demografía como política pública orientada a derechos y bienestar -no como ingeniería coercitiva- es más eficaz y ético; confirma que “leyes naturales” son, en realidad, regímenes sociales.

4.7 Falacia densidad = degradación

Enunciado: Más densidad poblacional implica mayor impacto.

Por qué es falaz:

  • El impacto depende de cómo se organiza la ciudad/territorio: transporte público, eficiencia energética, compacidad de servicios, dietas, proximidad y economías de escala pueden reducir huella per cápita.
  • Los suburbios extensivos con dependencia del automóvil, dietas cárnicas intensivas y logística larga tienen huellas superiores pese a menor densidad.

Contra-argumento: Promover urbanismos densos y habitables con infraestructura pública, energía renovable, mezcla de usos y cadenas cortas reduce impacto; densidad no es destino, el diseño institucional sí.

4.8 Falacia de la capacidad de carga fija

Enunciado: La Tierra tiene un número “máximo” de humanos estable y calculable.

Por qué es falaz:

  • La “capacidad” varía con dietas (menos carne, más plantas), tecnologías (agroecología, restauración de suelos), propiedad/uso de la tierra (reforma agraria, comunes), y coordinación (evitar desperdicio y acaparamiento).
  • Convertirla en cifra única ignora incertidumbre y no linealidades de sistemas complejos.

Contra-argumento: Tratar la capacidad de carga como variable de diseño socioecológico que se expande con equidad y buena gobernanza -y se contrae cuando hay despilfarro y dominación- es más realista que fijarla como número absoluto.

4.9 Falacia del IPAT absolutizado

Enunciado: El impacto es I = P × A × T; si P crece, I crece inexorablemente.

Por qué es falaz:

  • IPAT es identidad contable, no modelo causal; su uso ideológico absolutiza P y minimiza A (afluencia/consumo) y T (tecnología/diseño institucional).
  • Modelos posteriores (p.ej., STIRPAT) muestran que efectos son no lineales y heterogéneos; políticas públicas pueden desacoplar impacto de población.

Contra-argumento: Reorientar “T” a tecnologías apropiadas, reguladas y acompañadas de políticas de demanda, y colocar “A” bajo topes y fiscalidad progresiva, desplaza el foco del conteo de cabezas al patrón de vida y de producción.

4.10 Falacia de la tragedia de los comunes (versión Hardin simplificada)

Enunciado: Si el recurso es común, se sobreexplota; la solución es privatizar o centralizar.

Por qué es falaz:

  • Ignora la evidencia de comunes exitosos con normas, monitorización, sanciones y confianza (Ostrom); la tragedia aparece sin instituciones, no por la mera comunidad del recurso.
  • El “remedio” privatizador produce exclusión y siempre aumentar la explotación, desplazando costos a comunidades.

Contra-argumento: Fortalecer gobernanzas comunitarias y federaciones de comunes con reglas co-diseñadas y transparencia evita la tragedia y democratiza el metabolismo.

4.11 Falacia del rebote inevitable (Jevons como destino)

Enunciado: Toda eficiencia lleva a más consumo; buscar eficiencia es inútil.

Por qué es falaz:

  • El rebote es contingente y político: se reduce con impuestos al carbono, estándares de eficiencia, topes de uso, tarificación progresiva, presupuestos materiales y prohibiciones a usos superfluos.
  • Negar la eficiencia bloquea innovación socio-técnica que sí reduce impacto bajo marcos normativos adecuados.

Contra-argumento: Combinar eficiencia con política de demanda y límites vinculantes orienta la técnica hacia el descenso material ordenado y justo. En definitiva, poner las mejoras en eficiencia al servicio del decrecimiento y no al servicio del capitalismo.

4.12 Falacia del fetichismo tecnológico inverso

Enunciado: No hay tecnologías ni instituciones capaces de cambiar el resultado; solo menos gente.

Por qué es falaz:

  • Niega transformaciones socio-técnicas probadas: agroecología, restauración de ecosistemas, energías renovables distribuidas, economía circular de verdad (no greenwashing), planificación democrática de materiales.
  • Confunde crítica al “tecnosolucionismo” con rechazo de toda innovación, bloqueando alternativas que dependen de diseño político.

Contra-argumento: El tecnorealismo: tecnología bajo gobernanza democrática, orientada a suficiencia y justicia, combinada con cambios institucionales y culturales; no salva sola, pero sí habilita transiciones.

4.13 Falacia Kuznets ambiental (riqueza = limpieza)

Enunciado: A mayor desarrollo, menor contaminación; el crecimiento “limpia” el ambiente.

Por qué es falaz:

  • Observa reducciones locales mientras se externaliza contaminación y extracción al Sur Global; la curva “limpia” es parcial y geográficamente sesgada.
  • Ignora la huella material oculta en importaciones y cadenas globales; confunde deslocalización con desmaterialización.

Contra-argumento: Medir y limitar huellas globales (materiales, energéticas, territoriales) y prohibir externalizaciones injustas desmonta el mito de que basta “hacerse rico” para “limpiarse”.

4.14 Falacia de la escasez alimentaria naturalizada

Enunciado: “No hay comida suficiente” para todos; por eso hay hambre.

Por qué es falaz:

  • El hambre es acceso, renta, tierra, conflicto, acaparamiento y desperdicio; coexisten sobreproducción y malnutrición en el mismo sistema.
  • El régimen agroexportador desvía recursos de la alimentación local; el desperdicio y los usos no alimentarios (piensos, bioenergía) multiplican ineficiencias.

Contra-argumento: Agroecología, soberanía alimentaria, reforma agraria, cadenas cortas, políticas de compra pública y reducción del desperdicio resuelven más que cualquier ingeniería demográfica.

4.15 Falacia de la individualización del impacto

Enunciado: La crisis es consecuencia de tus elecciones personales; cambia tu consumo y se arregla.

Por qué es falaz:

  • Despolitiza la ecología: oculta estructuras corporativas y estatales que fijan la oferta, la infraestructura y las reglas del juego.
  • Traslada la carga moral a individuos con escaso margen frente a sistemas de transporte, energía y alimentación configurados por grandes actores.

Contra-argumento: La palanca es colectiva: regulación, planificación democrática, comunes y movilización que cambien estructura de incentivos y límites; el consumo individual importa, pero sin política es marginal.

4.n. Síntesis y marco propositivo

  1. El neomaltusianismo naturaliza la escasez y absolutiza la población; así, despolitiza la crisis y legitima eco-autoritarismo.
  2. Las falacias derivadas -automatismo reproductivo, neutralidad normativa, promedio, cierre causal, ahistoricidad, densidad-impacto, capacidad fija, IPAT absolutizado, tragedia simplificada, rebote inevitable, fetichismo tecnológico inverso, Kuznets, escasez naturalizada e individualización- operan como dispositivos retóricos para desplazar la mirada del poder, la distribución y el diseño institucional.
  3. El contra-marco afirma que la sostenibilidad es una arquitectura política del metabolismo: comunes, derechos y límites deliberados; justicia reproductiva y feminista; decolonialidad y fin de las externalizaciones; política de demanda y tecnologías bajo gobernanza democrática.

5. Desmontaje desde cuatro marcos críticos

En este punto articulamos la crítica al neomaltusianismo desde cuatro lentes complementarias -anarquista, sistémica, decolonial y antropológica- para mostrar que la sostenibilidad no es cuestión de “menos personas”, sino de menos dominación y menos despilfarro, con instituciones y comunes capaces de reconfigurar el metabolismo socioecológico con justicia.

5.1 Pensamiento anarquista: comunes, cooperación y crítica del eco‑autoritarismo

Tesis: El problema no es el número de personas, sino la forma de organización del poder que produce escasez artificial, disciplina y extracción. La alternativa: autogestión, ayuda mutua y federación de comunes.

Claves:

  • Kropotkin (Mutual Aid) desmonta el darwinismo social: la cooperación es un factor evolutivo y una estrategia material para gestionar la escasez con resiliencia. El neomaltusianismo, al naturalizar la competencia por recursos, borra la capacidad de las comunidades para coordinar y compartir.
  • Graeber muestra cómo deuda y burocracia producen obediencia y escasez fabricada: la miseria no resulta de “demasiada gente”, sino de regímenes de extracción que subordinan la vida a la acumulación.
  • Scott (Seeing Like a State) denuncia el alto modernismo autoritario: simplificar la realidad social para gestionarla desde arriba termina en desastres. El control demográfico coercitivo es una versión de ese proyecto tecnocrático que ignora la complejidad de normas y saberes locales.
  • Clastres revela mecanismos anti‑jerárquicos en sociedades sin Estado (prestigio reversible, oratoria, don, sanción comunal), mostrando que la sostenibilidad no exige coerción centralizada.

Contra‑modelo anarquista (líneas propositivas):

  • Comunes de energía, agua y alimentos con reglas co‑diseñadas, monitorización comunitaria y sanciones proporcionales.
  • Federaciones de cooperativas y municipios para escalar la coordinación sin jerarquía fija.
  • Presupuestos materiales democráticos (topes de extracción/consumo) decididos por asamblea y sometidos a revocatoria.
  • Justicia reproductiva como derecho (información, anticoncepción, aborto seguro, servicios de salud) garantizado por infraestructuras públicas comunitarias, no por controles estatales sobre los cuerpos.

5.2 Pensamiento sistémico: complejidad, retroalimentaciones y capacidad de carga dinámica

Tesis: Los sistemas socioecológicos son complejos, con no linealidades y retroalimentaciones; reducir el impacto a “Población” extravía el diagnóstico. Lo decisivo son los flujos, las matrices tecnológicas y las reglas.

Claves:

  • La identidad IPAT no es ley causal: su interpretación estática ignora que “A” (afluencia) y “T” (tecnología/diseño institucional) pueden modularse; el enfoque STIRPAT muestra elasticidades variables y efectos no lineales.
  • La capacidad de carga no es cifra fija: depende de dietas, uso del suelo, agroecología, almacenamiento, logística, gestión del agua y normas de acceso. Cambiar la dieta (menos carne, más plantas), restaurar suelos y reorientar cadenas cortas expande la capacidad sin coerción demográfica.
  • El efecto rebote (Jevons) es político: se reduce con impuestos, estándares, cupos, tarificación progresiva, prohibiciones a usos superfluos, cultura no productivista y presupuestos de materiales vinculantes.

Herramientas de diseño sistémico (propuestas):

  • Presupuestos de materiales y energía (carbono, cemento, acero, fertilizantes) con límites anuales y reparto equitativo.
  • Planificación multiescala del metabolismo (barrio‑ciudad‑región) con indicadores de suficiencia, no solo de eficiencia.
  • Gobernanza de comunes al estilo Ostrom: reglas claras, monitorización local, sanciones, mecanismos de resolución de conflictos y reconocimiento estatal limitado que amplifique la autonomía.
  • Infraestructuras de proximidad (movilidad pública, alimentación local, energía distribuida) para romper retroalimentaciones de alto impacto.

5.3 Perspectiva decolonial: genealogía del control reproductivo y justicia global

Tesis: El neomaltusianismo reproduce una biopolítica colonial: culpabiliza a pobres y pueblos del Sur mientras externaliza materia, energía y residuos. La sostenibilidad exige justicia: redistribuir huellas y desmantelar la racialización del “excedente humano”.

Claves:

  • Historia de programas coercitivos de control reproductivo (esterilizaciones forzadas, campañas eugenésicas) dirigidos a mujeres pobres, indígenas y migrantes bajo retóricas de “desarrollo” y “sostenibilidad”.
  • Externalización del impacto: el Norte deslocaliza extracción, plantaciones, minería y vertido de residuos al Sur Global, mientras se presenta “limpio” mediante contabilidad territorial sesgada.
  • Racismo ambiental: territorios convertidos en zonas de sacrificio; fronteras y regímenes de movilidad como dispositivos de selección biopolítica ante crisis climáticas.

Agenda decolonial (propuestas):

  • Medición obligatoria de huellas globales (material, energética, hídrica, territorial) por empresa y país, con límites y reparaciones.
  • Cláusulas de justicia en comercio y finanzas: prohibición de externalizaciones dañinas y compensaciones por deuda ecológica.
  • Soberanía alimentaria y energética: apoyo a agroecologías y comunalidades que sostienen biodiversidad y derechos colectivos.
  • Derechos reproductivos universales, especialmente en contextos post‑coloniales, con garantías contra coerción estatal y corporativa.

5.4 Antropología crítica: demografía histórica, hambre politizada y diversidad cultural

Tesis: La demografía responde a instituciones y expectativas; el hambre es un problema de acceso y poder; las culturas proveen estrategias robustas de manejo del territorio. El neomaltusianismo deshistoriza y despolitiza.

Claves:

  • Transición demográfica: la natalidad disminuye con educación, salud, autonomía económica, derechos reproductivos, urbanización y seguridad; no requiere coerción y suele acompañar mejoras en bienestar y derechos.
  • Hambre: más que insuficiencia física de alimentos, es acceso (tierra, renta, mercados), conflicto, desposesión y régimen agroexportador; coexisten sobreproducción, desperdicio y malnutrición en el mismo sistema.
  • Saberes locales y diversidad cultural: sistemas comunales de riego, rotación, barbecho, policultivo, uso medicinal y tabúes ecológicos evitan la degradación. La homogeneización tecnocrática puede aumentar vulnerabilidad.

Líneas de trabajo antropológicas (propuestas):

  • Reconocimiento jurídico de comunes y figuras de propiedad colectiva (montes vecinales, ejidos, cabildos, comunales, huertas) con autonomía fiscal y de gestión.
  • Políticas de compra pública que prioricen agroecología y cadenas cortas; infraestructura de almacenamiento y transformación local para evitar pérdida y capturas oligopólicas.
  • Currículos y salud pública con enfoque de justicia reproductiva: educación sexual integral, anticoncepción, aborto seguro, corresponsabilidad de cuidados, protección económica.
  • Observatorios comunitarios del metabolismo (agua, suelos, biodiversidad) con participación vecinal y poder vinculante.

5.5 Costura integradora: hacia un metabolismo democrático con justicia

Para enlazar los cuatro marcos en una arquitectura común:

  1. Instituciones: comunes robustos (energía, agua, alimentos) y federaciones municipales/territoriales con reglas ostromianas, transparencia y control social.
  2. Límites deliberados: presupuestos materiales y energéticos vinculantes, con reparto equitativo y fiscalidad ecológica progresiva que contenga el consumo de lujo y la acumulación extractiva.
  3. Justicia reproductiva: derechos universales, servicios públicos, garantías contra coerción; desmontaje del patriarcado y del estatismo que instrumentalizan los cuerpos.
  4. Decolonialidad material: medir y limitar huellas transfronterizas, reparar deudas ecológicas y proteger comunalidades y territorios.
  5. Tecnorealismo: innovación bajo gobernanza democrática orientada a suficiencia, combinada con políticas de demanda para neutralizar el rebote y dirigir la técnica a la reducción del throughput.
  6. Cultura y educación: formar en cooperación, cuidados y manejo de comunes; currículos que integren ecología política, feminismo, decolonialidad y antropología crítica.

6. Alternativa propositiva decrecentista radical desde el federalismo cantonalista

El decrecimiento radical, articulado desde un federalismo cantonalista (confederalismo de cantones/comunas con autonomía fuerte y cooperación horizontal), propone reducir material y energéticamente el metabolismo social sin perder derechos ni libertad, redistribuyendo poder y riqueza y democratizando los comunes. Aquí se detalla una agenda accionable por escalas (cantón/comuna → federación comarcal/regional → confederación) que cose las dimensiones económica, ecológica, democrática y feminista.

6.1 Arquitectura política y normativa

a) Carta Cantonal de Suficiencia y Comunes (CCSC)

  • Autogobierno del cantón: asamblea general, consejos rotativos y mandatos revocables; transparencia y rendición trimestral.
  • Reconocimiento jurídico de comunes (agua, energía, tierra, montes, vivienda vacía, infraestructuras de cuidados): estatutos (reglas de acceso, monitorización comunitaria, sanciones proporcionales, resolución de conflictos).
  • Derechos reproductivos y cuidados como servicios públicos cantonales: información, anticoncepción, aborto seguro, salud sexual y reproductiva, co-responsabilidad y renta básica de cuidados.
  • Cláusula antiespeculativa: prohibición de la mercantilización de vivienda y tierra (topes de propiedad hacia su abolición, derecho de tanteo, expropiación por uso social).

b) Federación comarcal/regional

  • Presupuestos materiales federales (carbono, cemento, acero, fertilizantes, plásticos, carne) con cuotas decrecientes anuales; reparto equitativo entre cantones.
  • Protocolos de ayuda mutua: fondos de contingencia, almacenes comarcales, brigadas de reparación y cuidados.
  • Cortes de materiales y energía vinculantes ante incumplimientos (mecanismo sancionador democrático).

6.2 Economía material: límites, suficiencia y redistribución

a) Límites físicos vinculantes (cantón)

  • Topes de throughput (entrada/salida de materiales): objetivos de -40% en 5 años, -60% en 10 (adaptables a contexto).
  • Presupuestos de carbono locales con techos para movilidad, vivienda, alimentación y servicios.
  • Moratoria a nuevos macroconsumos (centros comerciales, naves logísticas de alto impacto, ampliaciones viales).

b) Fiscalidad ecológica progresiva (federación)

  • Impuesto al lujo material y energético (SUVs, vuelos, segundas residencias infrautilizadas).
  • Bono de suficiencia para hogares en transición (aislamiento térmico, electrificación básica, huertos).
  • Tarificación progresiva del uso de recursos (agua/energía) con bloque vital gratuito y penalización del exceso.

c) Reparto del trabajo y renta

  • Semana de 20 horas con movilidad interna hacia sectores de suficiencia (agroecología, rehabilitación, cuidados, mantenimiento).
  • Renta de transición ecosocial condicionada a participación en comunes, formación y tareas comunitarias.
  • Cooperativización de sectores clave (energía distribuida, rehabilitación, logística de proximidad).

6.3 Agroecología, alimentación y territorio

a) Soberanía alimentaria cantonal

  • Plan de dietas de baja huella: +legumbres, +hortaliza, -carne intensiva; compra pública en comedores (escuelas, centros de salud) con menús cantonales.
  • Reforma agraria local: banco de tierras, contratos de uso social, apoyo a cooperativas agroecológicas y canales cortos (mercados semanales, distribución en bici).
  • Infraestructuras: centros cantonales de almacenamiento, transformación y reparación (secaderos, conserveras, molinos, semilleros).
  • Protección de suelos: moratoria a urbanización de regadíos y zonas fértiles; restauración de riberas y corredores verdes.

b) Federación comarcal

  • Reserva alimentaria multicomunal (granos, legumbres, aceite) con rotaciones y solidaridad inter-cantonal.
  • Escuelas de oficio agroecológico (riego tradicional, compostaje, policultivo, silvicultura, ganadería extensiva).

6.4 Energía y movilidad de bajo impacto

a) Comunes energéticos cantonales

  • Microredes con generación distribuida renovable (FV en cubiertas, minieólica, biogás de residuos), almacenamiento comunitario y gestor de demanda (prioriza servicios esenciales).
  • Rehabilitación térmica de edificios (aislamiento, sombreado, ventilación pasiva).
  • Electrificación básica de talleres y servicios con estándares de baja potencia y mantenimiento local.

b) Movilidad

  • Plan de movilidad 15 minutos (servicios esenciales a distancia caminable): peatonalización, red ciclista, transporte público de alta frecuencia.
  • Logística de proximidad: hubs cantonales, carga en bici/EV ligeros, racionalización de entregas.
  • Desincentivos: aparcamiento dinámico, peajes urbanos para tráfico no esencial, prohibición de nuevos aparcamientos masivos.

6.5 Vivienda, urbanismo y reparación

  • Censo canton de vivienda vacía y movilización: alquiler social, cooperativas de cesión de uso, rehabilitación con materiales locales.
  • Arquitectura de bajo impacto: madera local, tierra cruda, cal; manual de reforma cantonal para autoconstrucción asistida.
  • Plan de reparación y reutilización: talleres públicos (electrónica, bicicletas, textil, mobiliario), garantía de reparabilidad en compra pública.
  • Zonas de proximidad con mezcla de usos (vivienda, talleres, equipamientos) para reducir necesidad de transporte.

6.6 Cuidados, feminismo y justicia reproductiva

  • Sistema cantonal de cuidados: redes vecinales profesionalizadas, banco de horas, centros de día, apoyo domiciliario.
  • Derechos reproductivos universales: acceso gratuito a anticoncepción y aborto seguro; educación sexual integral; protección laboral de maternidades/paternidades; co-gestión de horarios en asamblea.
  • Corresponsabilidad y redistribución del tiempo: semana de 20 horas, turnos comunitarios en comunes (agua, energía, alimentos), reconocimiento económico del trabajo doméstico y comunitario.
  • Protocolo contra violencias: espacios seguros, formación, justicia restaurativa con enfoque comunitario.

6.7 Educación, cultura y gobernanza del conocimiento

  • Currículos cantonales: ecología política, antropología crítica, feminismo, decolonialidad, gestión de comunes, oficios locales.
  • Laboratorios de transición: datos abiertos del metabolismo (agua, energía, materiales, residuos) con observatorios ciudadanos y capacidad de veto/ajuste.
  • Universidades/comunidades: convenios para I+D apropiada (bioconstrucción, agroecología, reparación), liberada de patentes para uso público.

6.8 Indicadores y evaluación democratizada

  • Panel de suficiencia:
    • Materiales per cápita (kg/año) y huella de carbono (tCO₂e).
    • % de consumo esencial cubierto por comunes.
    • Fecundidad voluntaria y acceso efectivo a derechos reproductivos.
    • Tiempo de cuidados reconocido y redistribuido.
    • % de alimentos de origen local agroecológico.
    • Intensidad energética de la movilidad y del parque edificatorio.
  • Metas a 5 y 10 años con revisión asamblearia y ajuste por justicia (quien más tiene/contamina recorta más).

6.9 Mecanismos de transición justa y anti‑choque

  • Fondos de transición comarcales: reconversión laboral con garantías salariales.
  • Cláusulas de no regresión social: ningún límite material se aplica sin bloque vital gratuito y sin alternativas públicas accesibles.
  • Contratos de ayuda mutua inter‑cantones: respaldo ante sequías, incendios, picos de demanda o crisis de suministros.
  • Plan de emergencia: protocolos de reducción ordenada (apagados programados, racionamientos transparentes) bajo control ciudadano.

6.10 Relaciones exteriores y decolonialidad material

  • Compra pública ética: huellas globales verificadas; preferencia por cadenas cortas y cooperativas; prohibición de importaciones con violación de derechos o destrucción ecosistémica.
  • Acuerdos confederales de reparación ecológica y cooperación técnica abierta con territorios del Sur Global, sin condicionalidades austeritarias ni tutela.
  • Veto confederal a proyectos extractivos que excedan cuotas federales; tribunales de justicia ecosocial con participación comunitaria.

Menos dominación, menos despilfarro; más autogestión, más justicia.
El federalismo cantonalista permite instituir límites y redistribuir poder allí donde la vida se organiza -en la comuna-, coordinando a escala federal lo que exige cooperación y compartiendo ayuda mutua para sostener el decrecimiento con libertad.

Conclusión

El neomaltusianismo ofrece una respuesta aparentemente sencilla a una crisis compleja: reducir la población para “salvar el planeta”. Pero a lo largo de este ensayo hemos mostrado que esa salida es una gran falacia: naturaliza la escasez, absolutiza la demografía y despolitiza el metabolismo socioecológico, ocultando los vectores decisivos del impacto -poder, desigualdad, instituciones, patriarcado, colonialidad y patrones de consumo-. En lugar de mirar dónde y cómo se producen los daños, se desplaza la atención hacia cuántas personas hay, y con ello se legitima una biopolítica que, históricamente, ha caído sobre los cuerpos de las mujeres, sobre los pobres y sobre los pueblos del Sur.

Frente a esa narrativa, hemos articulado cuatro marcos críticos que convergen en un diagnóstico común: la sostenibilidad no es cuestión de “menos humanidad”, sino de menos dominación y menos despilfarro. Desde el anarquismo, la clave está en la autogestión, la cooperación y los comunes; desde el pensamiento sistémico, en comprender la complejidad y rediseñar flujos y límites con gobernanza democrática; desde la perspectiva decolonial, en desmontar la externalización material y la racialización del “excedente humano”; y desde la antropología crítica, en reconocer la historicidad de la demografía, la politización del hambre y el valor de la diversidad cultural para sostener territorios.

El corazón del argumento es ético y político: cualquier intervención sobre la reproducción es biopolítica, y solo es legítima cuando garantiza justicia reproductiva, derechos y no coerción. Además, la evidencia histórica y contemporánea confirma que las tasas de fecundidad descienden voluntariamente cuando hay educación, salud, autonomía económica, seguridad y derechos, y que el hambre se explica por acceso y poder, no por la cantidad “natural” de bocas que alimentar. Por tanto, el camino de la sostenibilidad pasa por colectivizar el metabolismo -energía, agua, alimentos, materiales-, instituir límites deliberados y redistribuir poder y riqueza.

La propuesta decrecentista radical desde el federalismo cantonalista aterriza este horizonte en una arquitectura practicable: cantones/comunas con autonomía fuerte, comunes robustos, presupuestos materiales vinculantes, política de demanda para contener el lujo extractivo, cuidados como columna vertebral, y ayuda mutua confederal para hacer la transición justa y ordenada. En suma: menos throughput, más democracia; menos mercancía, más derechos; menos control sobre los cuerpos, más libertad para decidir la vida.

Este ensayo sostiene, en última instancia, que no necesitamos menos personas: necesitamos instituciones mejores y sociedades más libres, capaces de decidir con madurez sus límites y de sostenerlos en equidad. La crisis ecológica no se resolverá contando cabezas, sino desmontando jerarquías y rediseñando el metabolismo con inteligencia colectiva. El reto es grande, pero también lo es la potencia de las comunidades cuando se reconocen como sujeto político de la transición. Y ese reconocimiento -en la escuela, en el cantón, en la comarca- es el primer paso para dejar atrás la falacia maltusiana y construir una sostenibilidad con libertad, justicia y dignidad.

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